Crítica: A escondidas

escena de "A escondidas"

Germán Alcarazu y Adil Koukouh en “A escondidas”

El jóven director bilbaíno Mikel Rueda ha logrado con ‘A escondidas’ realizar un película que rezuma intimidad, frescura y realismo. En la cinta se nota el esmero por tratar con delicadeza dos asuntos que en edades tempranas pueden llegar a ser especialmente agrios y dolorosos: la inmigración ilegal y el descubrimiento de la homosexualidad.

Hay una cuestión principal a destacar en la película: el guión. Nos gusta lo bien que conecta el drama de un menor marroquí, que intenta salir adelante en un país que no es el suyo y que tiene que enfrentarse al racismo que descubre en la sociedad e instituciones, con el descubrimiento personal de otro jóven que está plenamente integrado en la sociedad, pero que transmite a la vez estar fuera de ella por sentirse diferente al resto. Es sumamente reconfortante la manera con la que Rueda nos hace partícipes de estos dos mundos tan diferentes y como los une con tanta naturalidad, no exenta de dificultad, para crear una amistad que por momentos parece convertirse en algo más.

Alex Angulo en A escondidas

Álex Angulo en “A escondidas”, una de sus últimas apariciones cinematográficas

La dirección de actores también merece una mención. Los protagonistas de la película, Germán Alcarazu y Adil Koukouh (nuevas promesas de la interpretación) están fantásticos. El director ha sabido crear ese ambiente de confianza y profesionalidad que saca a relucir la mejor cara de dos actores noveles. Indudablemente nos agrada también ver a dos brillantes secundarios que aportan veteranía a la película. Por un lado tenemos a Ana Wagener en el papel de trabajadora social entregada a la defensa de estos menores inmigrantes, pero en la encrucijada de cumplir con las reglas de un sistema institucional burocratizado e injusto. Y por otro, el inolvidable Álex Ángulo, al que se le dedica la película, y que realiza un pequeño papel como auxiliar de un centro de menores en el que una vez más sale a relucir como era su talla actoral.

Las imperfecciones de la película quedan en segundo plano por la fuerza de la historia que nos quiere contar Mikel Rueda. Sin duda, consigue con creces dar la talla en su primer largometraje en solitario. Pocos directores saben dar con ese ingrediente mágico que permite contar una historia de este tipo sin recurrir a lo más explícito. Una película honesta  que llega a la raíz de lo que se quiere contar y que invita a una profunda reflexión en quién la contempla.

Salas cinematográficas del mundo

Desde 2003, Stephen Zaubitzer fotografía las salas cinematográficas de centros urbanos alrededor del mundo. Resulta encantador ver como consagra e imortaliza cines populares de países como Cuba,  Burkina Faso, India o Marruecos, sin olvidar algunos drive-ins, en California.

No deja de ser entrañable contemplar antiguas salas de cine en esta galería fotográfica. Nuestro particular Cinema Paradiso donde se proyectaron sueños a muchas generaciones y que guardan algo de mágico todavía. Sus imágenes pueden llegar a recordarnos incluso a algunos cines de nuestra infancia. Por el contrario, otros retratos tienen la personalidad propia de las grandes salas de cine, las de la época dorada. Parece como si sus imágenes iluminaran todavía la linterna mágica de nuestra memoria. ¡Disfruten!

Las miradas hitchcockianas

Ojos de Hitchcock

Muchos cineastas han usado los primeros planos para sugerir lo que sucedía en el interior de los personajes o para lograr que la atención recayera en una expresión, un gesto o simplemente en un objeto en particular. Porque no hay nada más dramático y fascinante en el cine que disfrutar con los primeros planos, sobre todo si son de miradas. Con ellos escrutamos el estado de ánimo de los personajes y nos desvelan mucha información sobre su personalidad. Si un director de cine sabe manejar este tipo de recurso cinematográfico resulta una delicia para el espectador. De lo contrario podría llegar a rozar lo rídiculo. Una mirada debe aguantar el tiempo justo en pantalla, ni más ni menos, y eso es algo que han conocido muy bien los grandes maestros del cine.

Por eso hemos rescatado un fantástico vídeo, realizado por el cineasta Kogonada para Criterion Collection, donde podemos ver un compendio de los primeros planos más icónicos del cine de  Hitchcock. Al genial director de cine británico le gustaba que sufriéramos un poquito viendo sus películas y por eso recurría como nadie a este tipo de imágenes. Eyes of Hitchcock dura menos de dos minutos, pero es un placer ver juntas las clásicas miradas del genio del suspense. Solo les diré que comienza con ‘Vértigo’

Crítica: Girlhood

Escena de Girlhood

Las chicas de “Girlhood”

Hay una realidad en Francia que fundamenta el desarrollo de la película ‘Girlhood’ de la realizadora francesa Céline Sciamma. El país galo ha sido históricamente una tierra de asilo para inmigrantes hasta alcanzar los casi siete millones de inmigrantes que se estima que acoge en la actualidad. Desgraciadamente, la película también presenta una arista de esta realidad, ya que mientras muchos se han ido integrando de manera gradual en la sociedad que les acogía, otros muchos no han podido encontrar su sitio. De ahí la concentración de los colectivos inmigrantes en ciertos barrios de la periferia, los disturbios que periódicamente se producen de norte a sur del país, así como los ruinosos datos de desempleo y bienestar que se les adjudica.

La filmografía de la joven directora francesa Céline Sciamma destaca por un especial interés por la realidad social de su país y especialmente por la utilización de protagonistas femeninas que no  sobrepasan la adolescencia. En esta película se centra en la aventuras y desventuras de cuatro adolescentes francesas de origen subsahariano que tienen que unirse para escapar de la hostilidad de una vida a la que están condenadas. Estigmatizadas de algún modo por su origen extranjero, y viviendo en el típico barrio periférico parisino, están abocadas al fracaso escolar. Las chicas forman parte de familias, en muchas ocasiones desestructuradas, con referentes familiares en desempleo o en negocios poco limpios y que generalmente replican los sistemas machistas de sus países de origen.

Karidja Touré en Girlhood

Karidja Touré en una secuencia de “Girlhood”

Teniendo casi todo en contra, la única forma de sobrellevar esta existencia es unirse a gente en sus mismas circunstancias para defenderse e intentar construir aquellos momentos de felicidad que el azar les negó. Estamos por tanto ante una película de bandas juveniles del siglo XXI en contraposición a la cinta ‘Foxfire: Confesiones de una banda de chicas’ del también galo Laurent Cantet. En esta ocasión la acción se desarrolla en la década de los 50. Las comparaciones son odiosas, pero ‘Girlhood’ tiene un problema en comparación con la cinta de Cantet porque el guión no está tan bien elaborado.

La película tiene un desarrollo armonioso y cierto ritmo hasta los últimos veinte minutos, donde perdemos el foco de lo que nos quieren transmitir y simplemente vemos una sucesión de acontecimientos un poco extremos y realmente forzados. Llegamos incluso hasta perder una de las virtudes de la película, como es la de reflejar una realidad social. Realidad que sin duda se alcanza también gracias a la elección de unas desconocidads actrices que conocen de primera mano la vida en esos guetos. Las cuatro actrices noveles tienen un desparpajo abrumador y, gracias seguro a la pericia de una magnífica dirección de actores, consiguen construir momentos realmente brillantes. Angustiosos en ocasiones, pero también agradables y delirantes en otros, como la performance de la canción ‘Diamonds’ de Rihanna.

No podemos destacar más virtudes de la película. En cuanto a la fotografía, se pierden matices por su naturalismo, aspecto que hubiera sido mejor aprovechado dada la temática y el entorno elegido para su puesta en escena. La película no es cita obligatoria para los amantes del buen cine, pero se deja ver y derrocha frescura.


seleccion EFAlogo SEFF_2014

Crítica: Lilting

Ben Whishaw en Lilting

Ben Whishaw en “Lilting”

No ha podido ser más brillante el debút cinematográfico del director de origen camboyano Hong Khaou. Con ‘Lilting’ teje con delicadeza una historia de amor marcada por los prejuicios y la incomunicación intercultural. Podríamos estar ante una radiografía casi etnográfica que describe como el comportamiento de una madre impide a un hijo ser plenamente feliz. Y es precisamente bajo la atenta mirada de la madre como conocemos más de la historia y asistimos a una sucesión de hechos cotidianos que van a marcar el destino de los personajes. La cámara se limita a capturar estos momentos desde la distancia, sin entrometerse en la acción y con un naturalismo no contaminado por una excesiva caracterización.

Una de las limitaciones de la película viene dada precisamente por la barrera lingüística que el director interpone entre los personajes. Esto propicia que abunden las escenas donde la madre china es traducida de manera simultánea por otro personaje incorporado para la ocasión, lo que ralentiza la acción por momentos, pero que también nos regala sumas dosis de humor.

Pei-Pei Cheng y Andrew Leung en Lilting

Pei-Pei Cheng y Andrew Leung en “Lilting”

Su desarrollo es original y Khaou nos va dosificando la información para que la tensión dramática se alargue hasta un final, quizás demasiado abrupto y precipitado. Además, sabe conectarnos con el mundo interior de los personajes a través de un sonido hueco que nos impregna de las emociones de sus almas. Una especie de elogio del pesimismo que lleva hasta las últimas consecuencias los efectos de la incomunicación y la negación de la diferencia.

Porque la cinta también nos habla de la no aceptación de la homosexualidad por prejuicios culturales y como esta ceguera puede atraer tanta infelicidad. En este sentido, no hay escena que describa mejor el ánimo del filme que las de amor entre Richard y Kai, una entrañable pareja que vive su relación marcada por la incomprensión de la madre de Kai. Ayuda mucho, evidentemente, las interpretaciones más que correctas del actor británico Ben Whishaw (‘El perfume’) junto con su novio en la ficción, Andrew Leung.

Estamos ante una ópera prima que difumina de manera inteligente la visión que tenemos de las relaciones humanas y dibuja una fatalidad paradójicamente estimulante.


Las nuevas olaslogo SEFF_2014