Crítica: Los amantes pasajeros

El trio de azafatos en 'Los amantes pasajeros'

No sabría como describir el regreso a la comedia de Pedro Almodóvar después de 25 años alejado de ella. Es necesario señalar que ‘Los amantes pasajeros’ se escapa a cualquier definición. Podríamos decir que es una película neo-pop, por su superficialidad y su insolencia, que no llega a divertir, ni tiene el grado de humor y corrosión que caracterizó a ‘Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón’.

Hugo Silva, Antonio de la Torre y Raul Arevalo

Almodóvar se ha arrojado al abismo con su particular vuelo 2549. Lo que parecía una vuelta a la transgresión disparatada de sus primeras comedias, se traduce en buenas dosis de sexo, drogas y poco más. Aunque la película transpira libertad y frescura al más puro estilo almodovariano,  no deja de ser un mero experimento anacrónico. Las escenas y diálogos que le funcionaban hace unas décadas pierden toda su fuerza en este momento. No es el reencuentro con la comedia inmaculada de ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’. Aquí los personajes se drogan, beben, fuman dentro del avión kitsch, e incluso tienen tiempo de hacer cochinadas.

Penelope Cruz y Antonio Banderas en Los amantes pasajeros

Tan solo oír a Antonio Banderas y Penélope Cruz, en una escena inicial que no pasa de ser un cameo dialogado sin ninguna gracia, nos pone en alerta sobre el tipo de comedia que nos espera. Lo que hace más agradable el vuelo es sin duda el trío de azafatos liderado por un magnífico Javier Cámara, junto a Carlos Areces y Raúl Arévalo, que se dejan la piel en su interpretación de “I’m so excited”, cuya  puesta en escena deja sin palabras.

Pedro Almodovar

Desde ‘Todo sobre mi madre’ nos habíamos reconciliado con su  cine, sin embargo, ahora vemos a un cineasta que tiene la necesidad de recurrir a la provocación y al exceso para maquillar una historia que no funciona y se agota prematuramente, y que cuando debe provocar la risa te deja impávido sobre la butaca. Retazos cómicos aquí y allá para adornar una trama fallida a la que le falta solidez y le sobran personajes. Sigo prefiriendo el contrapunto cómico de sus melodramas y sus incursiones en el cine negro, e incluso, puestos a elegir, prefiero los defectos técnicos de su primer cine a la grandiosidad de su Airbus 340 reconstruido a medida.

Almodóvar llegó hace tiempo a la madurez de su carrera, por lo que cualquier intento de retomar su cine inicial será siempre en vano.

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