Crítica: La mejor oferta

Geoffrey Rush y Sylvia Hoeks en La Mejor Oferta

Se trata de uno de los ejercicios de suspense más fascinantes de todos los tiempos. Giuseppe Tornatore nos regala un derroche de maestría y, sin duda, dignifica un género como la intriga, tan estereotipado desde hacía años. Una intriga que se embriaga de una atmósfera gótica al compás de los acordes del gran Ennio Morricone, donde la neurosis, la riqueza y la traición forman parte de un engranaje perfecto. ‘La mejor oferta’ es sensibilidad cinematográfica en estado puro. Cine de altura que no da vértigo.

Con aroma y reminiscencias al mejor cine italiano. Desde el personaje de la enana, muy recurrente en el universo de Fellini hasta la decadencia amorosa de las películas de Visconti, el guión funciona como un reloj. Fascina la bella historia de amor que subyace en el filme junto con una perversidad milimétricamente calculada.

Geoffrey Rush

Geoffrey Rush realiza una impecable interpretación como subastador decadente, solitario y malhumorado esteta. Su papel de Virgil Oldman es grandioso. Igual puede detectar un Luis  XIV a veinte pasos o vender un telescopio de Galileo en unos pocos minutos en la sala de subastas. Sin embargo, en el amor demuestra una incapacidad latente que le llevará a las garras de una femme fatale. Su único universo femenino reside en su colección de retratos, donde pasa sus tardes contemplando lo que no se atreve a tocar en carne y hueso, como en la escena de besos en ‘Cinema Paradiso’.

con el automata

‘La mejor oferta’ es una de esas historias originales de las que está tan falto el cine actualmente, que funde el thriller con el drama con una sutileza propia de los maestros que conocen muy bien el oficio. A la altura de ‘Perdición’ de Billy Wilder y ‘Perversidad’ de Friz Lang se merecería ya, con méritos propios, un hueco dentro de las 50 mejores películas de la historia del cine.

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2 comments

  1. Me ha parecido una película estupenda, como decís en vuestro post, funciona como un engranaje perfecto, y justo de eso, de engranajes, de pequeñas piezas, de obsesiones personales y de juegos psicológicos va la trama. Mujeres encerradas tras paredes simuladas, llaves que simbolizan la entrega no solo de una propiedad, sino de quien la habita, pequeñas piezas que van encajando perfectamente. Estoy segura de que es el tipo de peli que gana con el tiempo y resiste mil visionados. La atmósfera que Tornatore consigue crear es lo que distingue a ésta de películas temática similar: la exquisitez del personaje, el mostrarlo como una isla en medio de la multitud de la que se esfuerza en vivir separado, los pasos que lo alejan de sus rutinas, poco a poco, para llevarlo al lugar donde quizá siempre ha querido estar… donde alguien cree que quiere estar y lo lleva de la mano, poco a poco, escena a escena, pasando de una vida parecida a un mecanismo, aséptica y plana, a una vida caótica, más parecida a la de cualquier ser humano.
    Y Geoffrey Rush está que se sale.

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