thriller

Frenesí, una película imprescindible en el cine de Hitchcock

El  último jueves de mayo del 72, cuando los primeros calores primaverales se adueñaban de Londres, se producía en la capital británica el estreno mundial de ‘Frenesí’, la penúltima película de la filmografía de Alfred Hitchcock. La premiere se celebró bajo rigurosa invitación, y fue seguida por una cena en la River Room del Hotel Savoy, donde el maestro del suspense ejerció de anfitrión de la velada. ‘Frenesí’ supuso el regreso a Inglaterra de un expatriado cinematográfico, que a sus 72 años se enfrentaba al rodaje de su película número 52.

‘Frenesí’ está a la altura de sus grandes producciones. En el filme se deja ver la actitud de Hitchcock, el Londres de Hitchcock, el Covent Garden de Hitchcock y el tono de Hitchcock. Es la historia de un hombre que es impotente y que en consecuencia (según el mundo hitchcockiano) se libera a través del asesinato. Para el papel de psicópata, Hitchcock eligió a Barry Foster, tras haberle visto en la película ‘The Twisted Nerve’ (1968), un drama psicológico convertido ya en película de culto. Jon Finch, que recientemente había interpretado el ‘Macbeth’ (1971) de Polanski, fue elegido para el menos simpático y más irascible hombre inocente de toda la filmografía de Hitchcock.

Frenzy

Durante el rodaje se puso enferma Alma Reville, la mujer de Hitchcock, quién tuvo que abandonar Londres para regresar a California de manera inmediata. Esto produjo en su marido un estado de nervios que le dejo lento y agotado en pleno rodaje de la película. En esos días, su afición a la bebida era una inquietante realidad. Por lo visto, esperaba ansiosamente la llegada de la pausa del té, pero no para tomar té, sino copitas de vodka. Pero a pesar de todo, Hitchcock estuvo a la altura de las circunstancias.

‘Frenesí’, injustamente relegada por público y crítica de las mejores películas de la filmografía del director británico, retoma hoy con una fuerza increíble. En mi último visionado de la película descubro que no solo estamos ante una de las mejores películas de Alfred Hitccock, sino que está a la altura de ‘Rebeca’, ‘Encadenados’, ‘Psicosis’ o ‘La ventana indiscreta’, y por suspuesto por encima de la sobrevalorada ‘Vértigo’.

Hay tres escenas memorables en ‘Frenesí’ que ponen los pelos de punta. El asesinato-violación, con Foster como el asesino y Barbara Leigh-Hunt como su víctima; el retroceso de la cámara desde la puerta del apartamento del psicópata mientras este entra con su siguiente víctima, Anna Massey; y la búsqueda por parte del villano de un alfiler de corbata que puede incriminarle dentro de un camión de verduras, en concreto en un saco de papas que contiene  el cadáver.

Cameo de Hitchcock en "Frenesí". Fuente: Universal

Cameo de Hitchcock en “Frenesí”. Fuente: Universal

El acto de asesinar en las películas de Hitchcock siempre estuvo estilizado por el montaje y la fotografía, que daban a la escena una sensación de algo violentamente terrible, pero sin prestar atención en los detalles. El tendero del Covent Garden atraído y repelido a la vez por las mujeres, lleno de deseo y lleno de odio hacia ese deseo, comete en este filme el asesinato definitivo de Hitchcock.

‘Frenesí’ está magníficamente estructurado, firmemente interpretado, rítmicamente montado y absolutamente desprovisto de todo sentimiento humano positivo. Estilísticamente encontramos la idiosincrasia de la filmografía de Hitchcock, e incluso su mejor “humor negro”, pero también su largometraje más personal y atrevido. Sirva esta entrada en mi blog como un merecido tributo a una película que merece estar entre las mejores del cineasta británico y del género del suspense.

Crítica: Borgman

Jan Bijvoen en "Borgman". Fuente: Surtsey Films

Jan Bijvoen en “Borgman”. Fuente: Surtsey Films

‘Borgman’, película ganadora del Festival de Sitges 2013 y dirigida por el holandés Alex van Warmerdam, es una propuesta cinematográfica que proyecta, con total fantasía y realismo a la vez, los miedos más profundos que arraigan en nuestra sociedad. Con una estética inquietante, al servicio de un personaje siniestro, es capaz de introducirnos en la intimidad del hogar y ser testigos de la destrucción del seno familiar desde dentro.

Resulta interesante ver como cada miembro de la familia interpreta al “extraño” de una manera diferente. Los niños lo ven como un mago, la madre lo percibe como una persona a la que cuidar y ocultar, mientras que para el cabeza de familia resulta invisible. La extraña presencia de este ser desaliñado en una acomodada familia burguesa que habita en una casa al estilo Bauhaus genera un hábil contrapunto que produce cierta desazón en el espectador.

Escena de "Borgman". Fuente: Surtsey Films

Escena de “Borgman”. Fuente: Surtsey Films

¿Borgman es real o se trata de un ser imaginario? Warmerdam nos mantiene en suspense y juega con el espectador en todo momento. Lo cierto es que este siniestro personaje no escatima en recursos para dinamitar el idilio familiar. Igual Borgman es solo la sombra que acecha a una sociedad aparentemente sana, pero podrida en sus raíces. Quizás todo es un reflejo de una grieta íntima en la que se asienta la familia, donde todo se va descomponiendo y destruyendo porque los lazos que se creían sólidos eran más débiles de lo que se pensaba.

Aunque la ambición de la película se encoja por momentos, resulta visible la habilidad de narrar la incertidumbre de la propia existencia y de la vida misma. Y todo al ritmo de un gratificante humor negro que deja al desnudo de manera estremecedora todas nuestras fobias y miedos. Película dura, que llega a abrumar por momentos, pero una propuesta inteligente que merece la pena darle una oportunidad.

Crítica: Omar

Leem Lubani  y Adam Bakri en "Omar"

Leem Lubani y Adam Bakri en “Omar”. Fuente: Golem

La vida real siempre ofrece el material más vibrante para contar historias en el cine. ‘Omar’, del director de origen palestino Hany Abu-Assad (‘Paradise Now’), es un vivo ejemplo de ello. La película es un trágico reflejo de la Palestina ocupada tal como es hoy, donde saltar el muro forma parte de la vida cotidiana y se hace por muy diversas razones: trabajo, familia, supervivencia, y desde luego, por amor, como le ocurrre a nuestro protagonista Omar cuando quiere reunirse con su amor secreto, Nadja.

‘Omar’ se rodó con un equipo cien por cien palestino y los cuatro personajes jóvenes son interpretados por actores sin experiencia. El debut en el cine de Adam Bakri, que da vida al joven panadero Omar, no ha podido ser más brillante. Su mirada rebosa de sensualidad y sus primeros planos llenan de magnetismo la pantalla. Un auténtico descubrimiento ver como su interpretación ha conseguido llegar a la esencia de un personaje tan complejo como Omar, que está atrapado entre el amor y su compromiso con la causa palestina.

Adam Bakri en "Omar". Fuente: Golem

Adam Bakri en “Omar”. Fuente: Golem

Hany Abu-Assad logra desenmarañar las complejidades de la emoción humana con un thriller impecable de gran tensión dramática, que gira en torno a la confianza, su importancia en las relaciones humanas y su volatilidad. Esta historia de amor y lucha fue reconocida con el premio del jurado en “Una cierta mirada” del Festival de Cannes 2013 y nominada al Oscar a “Mejor película de habla no inglesa” este año. Un largometraje más que convincente con un sublime estacato final que nos hará reflexionar sobre lo trágico de la vida. Imprescindible.   

Crítica: Las dos caras de enero

Viggo Mortensen y kirsten Dunst en "Las dos caras de enero"

Viggo Mortensen y Kirsten Dunst en “Las dos caras de enero”

Si quieren ver este verano un buen thriller en la gran pantalla, su película es ‘Las dos caras de enero’. La cinta del director iraní Hossein Amini está basada en la novela de Patricia Higsmith y cuenta con la fantástica actuación de Viggo Mortensen que consigue darle a su papel la combinación perfecta de glamour, estilo, vileza y bajeza que su papel requiere. Oscar Isaac no lo hace nada mal, no en vano ya no podríamos imaginar ese papel interpretado por otro actor. Su personaje le cae como un guante. Sin embargo, Kirsten Dunst no pasa de una correcta interpretación.

Pese a que las referencias del director eran escasas, únicamente sus premiados trabajos como guionista en ‘Las alas de la paloma’ (1997) o ‘Drive’ (2011), solo el grato recuerdo de otras grandes películas basadas en novelas de Patricia Highsmith como ‘Extraños en un tren’ de Hitchcock o el ‘Talento de Mr. Ripley’ de Minghella fue el impulso necesario para descubrir esta película. Pese a ser su primer trabajo como director, Amini ha conseguido reflejar correctamente la literatura de Highsmith.

Escena de "Las dos caras de enero"

Escena de “Las dos caras de enero”

Al principio la película podría ser percibida como lenta, pero poco a poco te va atrapando en una trama que destapa las miserias de los personajes mientras avanzamos hacia el inevitable desenlace dramático. La recreación de la Grecia de los años 60 es simplemente maravillosa. Sin duda alguna, la ambientación ayuda a que la película tenga una fotografía excelente. Mención aparte merece el, como siempre, sobresaliente trabajo del compositor Alberto Iglesias. Los paisajes del país helénico son el mejor acompañamiento para la música de piano creada por el exitoso compositor donostiarra.

En definitiva, “Las dos caras de enero” es muy recomendable porque combina un buen guión basado en una fantástica obra literaria. Además, está aderezada con una buena interpretación al ritmo de una gran música y una inspiradora fotografía.

Crítica: El desconocido del lago

El desconocido del lago

Escena de “El desconocido del lago”

El cine nos depara cada cierto tiempo una de esas películas que te sacude el alma de manera brusca. Este es el caso de ‘El desconocido del lago’, cuyo guión y dirección demuestran la valentía del cineasta galo Alain Guiraudie, justamente premiado en el Festival de Cannes del 2013 con el premio “Una cierta mirada” al mejor director. Sin duda, el gran acierto del filme es el idílico escenario del lago en un verano indeterminado en el tiempo. La opresión de ese espacio natural y abierto del bosque bañado por unas cristalinas aguas azul turquesa ejerce un papel fundamental en la acción de los protagonistas y también nos predispone a sumergirnos en la trama.

‘El desconocido del lago’ no solo es un magistral ejemplo de contención del suspense, sino una película que explora sin miedos en lo más hondo de nosotros mismos. A tal fin, se vale de una embriagante fotografía y un sonido expresivo fuera de lo común. El resultado no puede resultar más satisfactorio. Los personajes poseen una dimensión psicológica que va más allá de los convencionalismos en este tipo de historias. Triunfa el amor, pero también la muerte, y, sobre todo, el deseo por encima de cualquier resquicio de culpabilidad. La obra de Guiraudie está impregnada de un magnetismo visual tal, que la mera repetición de lasa acciones no roza en ningún momento la monotonía.

Pierre Deladonchamps (izqda.) en "El desconocido del lago"

Pierre Deladonchamps (izqda.) en “El desconocido del lago”

Pensar que estamos ante un “thriller erótico” demostraría una miopía cercana a la ceguera. De ningún modo una catalogación de ese tipo haría justicia a la complejidad de una historia franca, absolutamente sin inhibición y despojada de tabú alguno.  Es inevitable encontrar reminiscencias a clásicos del suspense como ‘Un lugar en el sol’ (1951) e incluso a la propia literatura francesa con autores como  Maupassant. Estamos ante un ‘Cruising’ naturista, muy diferente al que Friedkin retrató en los años ochenta. El miedo, el amor, el deseo y la incredulidad gravitan libres de cualquier coacción. Un ejercicio cinematográfico absolutamente apasionante y absorbente que solo evocarlo devuelve nuevamente nuestra fe en el cine.