Crítica: Miel


‘Miel’, un filme turco protagonizado por un niño de mirada oscura, obtuvo el Oso de Oro del último Festival de Berlín. Niño y abejas. Dos elementos que parecen funcionar muy bien desde hace casi 40 años. Desde que Erice filmara ‘El espíritu de la colmena‘ (1973) donde, por cierto, no había abejas reales, pero si mentales, cada una metida en su celda particular.

En ‘Miel’ las abejas son de verdad, aunque los personajes también viven encerrados cada uno en su mundo. Yakup, el padre apicultor que busca en lo más alto de los árboles la miel que le permite vivir; Yusuf, su hijo de 6 años, que intenta comprender un mundo donde se puede soñar pero no compartir los sueños, un mundo donde los adultos, de repente, desaparecen; Zehra, la madre, condenada a no entender ni a uno ni a otro.

Miel
Escena de «Miel» dirigida por Semih Kaplanoglu

Y de fondo, el bosque con sus árboles enormes, su silencio y su misterio. Y mucho más al fondo, el miedo y la muerte. Miel es la tercera parte de lo que su director llama la Trilogía de Yusuf, que comenzó en 2007 con ‘Huevo’ y continuó en 2008 con ‘Leche’.

Con estos tres filmes, Kaplanoglu construye una especie de biografía al revés de un joven poeta que en la primera película tiene 35 años, en la segunda 19 y en esta tan solo 6. Una biografía que valdría la pena ver completa y en el orden en que fue creada.

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