Crítica: Los Descendientes


Los descendientes

El final predecible de ‘Los descendientes’  no desmerece al  guión, basado en la novela de Kaui Hart Hemmings. Al contrario, sabe decir adiós con fuerza y determinación. La película dirigida por Alexander Payne (‘Paris Je T’Aime’) cuenta con una sólida trama dramática sobre la que se articula la historia.

Un melodrama que exagera los aspectos más sentimentales, tristes y dolorosos de cualquier familia, pero que nos recuerda la fuerza que tienen las raíces en todos nosotros. La trayectoria emocional de los personajes buscando la cicatrización de sus heridas nos conmueve.

Los Descendientes
Escena de «Los Descendientes» dirigida por Alexander Payne

La  cinta destila humor por momentos y en ocasiones es imposible distinguir la risa de la lágrima. Matt King, el personaje interpretado por George Clooney, lucha por volver a conseguir el cariño de sus hijas enfrentado a la tragedia y al ingrato sabor de la mentira. ‘Los descendientes’ es una película iniciática, de conflictos emocionales y ante una  impecable interpretación de Clooney (que opta al Oscar).

Los descendientes’ también  nos descubre a una joven actriz, Shailene Woodley que en su papel de hija mayor de Clooney, consigue conmovernos. Como resultado tenemos una película sin artificios, sin pretensiones  y de una incuestionable sencillez.

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