El espacio que nos describe Wes Anderson con Moonrise Kingdom es producto de un imaginario visual muy particular. La trama destila sencillez e inocencia, además de un encanto inexplicable, así como elevadas dosis de brillante excentricidad. Su estética es peculiar y asfixiante por momentos. Anderson (‘Viaje a Darjeeling’) ha creado un universo excluyente en un tiempo (1965) y en un espacio (una ciudad costera en Nueva Inglaterra llamada Nueva Penzance). No se sorprendan porque se trata del binomio Anderson-América.

En un peculiar Bildungsroman los adolescentes Jared Gilman y Kara Hayward interpretan brillantemente (mejor que Bill Murray, Bruce Willis y Edward Norton juntos) a dos niños inteligentes e inadaptados que se enamoran. Sam es un chico  huérfano muy inteligente mientras que a Suzy le gustan las novelas de ciencia-ficción y la música de Françoise Hardy.

“Moonrise Kingdom” de Wes Anderson

La degradación moral, psicológica y social de los personajes oscila en todo momento en el filme. Las películas de Anderson son vulnerables a la acusación de ser rarezas arrogantes, pero su elegancia y brillantez formal configuran una estética casera al servicio de un cine servido en bandeja digital.

‘Moonrise Kingdom’ tiene una extraordinaria capacidad para evocar un universo completo, distintivo, completo en sí mismo. Para algunos puede ser nada más que un soufflé de extrañeza, pero se eleva magníficamente.

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