Oliver Stone narra visualmente como nadie los entresijos de la corrupción en ‘Salvajes’. Solo él es capaz de hacerlo con la honestidad y valentía que demandamos en este tipo de historias. ‘Salvajes’ es un retrato descarnado sobre el amor y la muerte. No podía ser de otro modo, la pulsión de la muerte palpita sobre el amor, y el deseo es amante de la sangre. El filme resuena en la retina una vez terminado y se convierte en algo más que una sugerente película ya que experimenta en los límites del thriller. Precisamente ese cine fronterizo es el que mejor caracteriza a Stone.

El controvertido director estadounidense cuenta en su reparto con la soberbia interpretación de Benicio del Toro, con una histriónica  Salma Hayek y un John Travolta en sus horas más bajas, pero la oportunidad se la brinda al seductor trío de actores Aaron Taylor, Blake Lively y Taylor kitsch, al que ya habíamos visto en ‘John Carter’.

Sus emociones se impregnan de un idealismo que traspasa la pantalla y que recuerda al Bertolucci de ‘Soñadores’. Lo que tienen en común los dos tríos es que participan de  juegos extremadamente arriesgados. Aquí el trasfondo no es el París de Mayo del 68 sino el Tijuana del cartel de la droga. Pero lo que si tienen en común los dos realizadores es la forma de explorar las emociones. Esa  forma de seducir a través de sus personajes demuestra la inteligencia perturbadora de un genio del cine.

Salvajes

Oliver Stone dirigiendo “Salvajes”

Quizás hubiera deseado el “unhappy ending”, pero entiendo que rompería las reglas del idealismo Stoniano. Esa moviola final a modo de guiño nos muestra la realidad, pero a fin de cuentas nos muestra también lo que podemos hacer con el cine, que es alejarnos de la realidad  y soñar con otro mundo posible. ¿Hay violencia gratuita? No, eso se lo dejamos a Tarantino, aquí todas las escenas describen con la fuerza adecuada como es el crimen organizado.

Aunque presentada fuera de concurso en San Sebastián, la película ha tenido una gran acogida en un certamen que ya cumple 60 años de existencia. Un festival que ha convertido a Oliver Stone con méritos propios en el séptimo director de cine en conseguir el prestigioso Premio Donostia.