‘Argo’ tiene la tensión del cine de suspense más tradicional, pero a la vez no deja de ser un experimento brillante que mezcla diferentes géneros y convence desde el principio. Aunque es el tercer largometraje como director de Ben Affleck, cada imagen destila una precisión técnica propia de un maestro. La violencia contenida en muchas de las secuencias y la dosificación adecuada del humor son el triunfo claro del filme. Aunque está basada en la crisis de los rehenes de Irán en 1979 no deja de tener ciertas reminiscencias a ‘Munich’ de Spielberg, sobre todo, en su puesta en escena.

Más preocupado por su propia interpretación, Affleck falla en la dirección de los secundarios. La interpretación de los rehenes resulta de lo más plana posible, llegando a pasar desapercibida por momentos, no así, la magistral actuación de John Goodman, que interpreta a John Chambers, un maquillador especialista en efectos especiales de Hollywood y Alan Arkin (Oscar por “Pequeña  Miss Sunshine”) que interpreta a la perfección a un conocido productor de Hollywood. El tándem Goodman/Arkin es simplemente delicioso.

John Goodman y Ben Affleck en Argo

John Goodman y Ben Affleck en «Argo»

Hay que reconocerle a Affleck que maneja hábilmente el ritmo de la película. Recurre inteligentemente en ‘Argo’ al montaje paralelo para jugar con el tiempo de manera más dramática.  Transmite suspense al más puro estilo hitchcockniano. La economía narrativa de la que se sirve nos proporciona el número de planos precisos en cada escena. No es fácil dirigir de este modo y hacerlo bien. A estas alturas nadie puede negar que nos encontramos ante un gran director. Seguro que su reconocimiento vendrá avalado con algún premio Oscar.