Crítica: La demora


Carlos Vallarino en La demora

‘La demora’, del realizador uruguayo Rodrigo Plá (‘La Zona’), trata en esencia la historia de un anciano que espera y una hija que se demora. Una película sumamente emotiva que no llega a convertirse en un simple melodrama, ya que mantiene el equilibrio adecuado gracias a una cámara distante, fría, llena de planos fijos, todo en aras de no subrayar las emociones. Rodrigo Plá quiere involucrarnos en la historia, pero sin forzar nada. No existe una música sentimentaloide, sino ruidos que se vuelven armoniosos. El padre en la ficción, Carlos Vallarino, a pesar de no ser un actor profesional, consigue ponerse en la piel de un anciano enfermo.

El conflicto surge cuando se cambian los roles familiares, puesto que normalmente son los padres quienes cuidan a los hijos. En esa transición reside todo el drama. Plá consigue narrar un mismo acontecimiento, pero desde prismas diferentes y siempre poniendo el foco sobre los dos personajes principales. Aunque el director nos abstrae de la realidad para meternos en la cabeza y en las emociones del padre, no hay ninguna pretensión moralista en ello. El énfasis lo pone una topografía triste y desesperanzadora.

Carlos Vallarino y Roxana Blanco en La demora
Carlos Vallarino y Roxana Blanco en «La demora».

‘La demora’ brilla por su emoción contenida, por su tono docudramático, y por fotografiar un descarnado retrato de la condición humana y de sus miserias. Además, el filme apunta a una reflexión: ¿qué hacemos con nuestros seres queridos cuando ya no poseemos lo necesario para darles el cuidado que necesitan?

Una película que le ha merecido al director uruguayo ganar el Premio del Público de la tercera edición del Festival de Cine 4+1.

Artículo anterior Crítica: Cruz del Sur
Próximo artículo Despegan Los amantes pasajeros, la nueva comedia de Almodóvar

1 comentario

  1. Atilio Nalerio
    20 septiembre, 2014
    Responder

    ¿Amour uruguaya?

    Rodrigo Plá no es Michael Haneke, sin embargo es inevitable recordar al maestro austríaco en su opus Amour luego de ver La Demora. Película hecha de pequeños detalles en las miradas y los diálogos casuales. Nada es explícito, pero el drama de esta mujer sola, que debe lidiar con la crianza de tres hijos con apenas lo suficiente para alimentarlos y, a la vez, cuidar a su anciano padre que padece pérdida de memoria (¿Alzheimer?) es presentado en los primeros diez minutos con toda la crudeza de una historia no contada. Porque el espectador es metido adentro mismo de la trama para padecerla como un protagonista más. Hay que conmoverse hasta las lágrimas con la actuación de Roxana Blanco que maneja una sutileza de matices tan solo con su rostro y su caminar cansino. El personaje de su padre es interpretado por un Ingeniero retirado que nunca tuvo contacto con la actuación (y vaya a saberse de qué manera el casting lo consiguió) y que te deja de boca abierta como si toda la vida hubiera tenido una carrera como la de Jean-Louis Trintignant.

    La precisión del guión (escrito por la esposa del director Plá) es de tal magnitud que los diálogos son escasísimos y apenas lo necesario para que la historia se desarrolle. La dureza de todo lo que acontece no puede tener un final feliz, aunque sí uno reflexivo que te deja por el piso. Contrariamente a lo habitual en una película uruguaya La Demora no es aburrida y te atrapa de principio a fin. Es una verdadera joyita digna de verse y a la que debemos hacerla circular para que sean más los que disfruten de esta obra artística con mayúsculas.

Déjanos tu opinión...

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *