La particular mirada cinematográfica de Paul Thomas Anderson llega a su madurez con The Master, una película arriesgada y demoledora, que nos muestra el caldo de cultivo de una secta religiosa: la cienciología. Un tema de por sí arriesgado, pero donde Anderson demuestra que lo suyo son las narrativas difíciles, alejadas de la excesiva permeabilidad hacia un cine complaciente.

‘The Master’ es técnicamente es impecable, y aunque adolece de escenas demasiado largas, son precisamente las que dilatan magistralmente ese ambiente enigmático del filme. En los personajes encuentra su principal valor. Son ellos los que van construyendo ese escenario irreal y desequilibrado, reflejo de sus laberintos interiores. Desde Joaquin Phoenix  a Amy Adams, pasando por su actor fetiche, Philip Seymour Hoffman, nos brindan una impecable interpretación, llena de matices y perversamente sensual.

Philip Seymour Hoffman

Philip Seymour Hoffman en «The Master»

No es la primera vez que Anderson ha dramatizado al  líder de una secta, ya que en ‘Magnolia’, Tom Cruise se ponía en la piel de un carismático entrenador. Hubiera tenido mucho morbo que el papel de Phoenix lo hubiera interpretado Cruise, miembro upstat (personas exitosas) de la Cienciología. Su fundador, L. Ronald Hubbard, interpretado por Philip Seymour Hoffman, cura enfermedades físicas y psicológicas, pretende erradicar a intrusos interplanetarios, y a través de interrogatorios de confrontación e hipnosis evocar a la memoria perdida. Anderson evoca un mundo extraño y disfuncional repleto de secretos inquietantes. Una película que tiene su propio lugar en la sinrazón de las diversas formas de locura.

Reconozco que puede llegar a enajenar y exasperar a algunos, pero su audacia, su osadía formal, y el rendimiento del tándem Phoenix- Hoffman, hacen que sea simplemente imprescindible.