El vuelo‘ es la última película dirigida por Robert Zemeckis. Un accidente aéreo magníficamente realizado es la excusa para adentrarnos en la vida del  capitán Whip Whitaker, Denzel Washington, un padre fracasado que intenta solapar su frustración personal con una arriesgada huida a través de las drogas, incluido el alcohol. La película disecciona con crudeza los sentimientos del personaje recurriendo a descripciones muy duras, pero a la vez absorbentes. La botella y la raya de cocaína vista como una liberación, pero también como su amarga condena.

Precisamente, para dar la vuelta al avión y aterrizar de ese modo, hay que estar muy desesperado, pero probablemente muy borracho. Y es precisamente su adicción la que paradójicamente le permite salvar la vida a muchos pasajeros, pero que también será su condena. El guionista John Gatins parece que terminó de escribir su guión al dictado de su productor.

Denzel Washington y Kelly Reilly

Denzel Washington y Kelly Reilly en «El vuelo»

Estoy convencido que no hay película sin moraleja final. Por momento, parece que vamos a ser testigos de un final transgresor, pero con Zemeckis (‘Regreso al futuro’, pero también ‘Naúfrago’) en los controles, me temo lo peor. Los matices que iban enriqueciendo la trama se desmoronan de repente. Efectivamente, necesitaría una máscara de oxígeno para no ahogarme cuando ‘El vuelo’ se estrella con un final tan moralista.

El pobre Whip se siente culpable y compartimos con él su tormento, pero sabe y sabemos que técnicamente no lo es. No nos olvidemos que se trata de una superproducción estadounidense y que debe ser fiel al “happy end” moralizante. A pesar de su perverso final, la película de Zemeckis navega, con alguna que otra turbulencia, en los límites de la condición humana.