Crítica: La venta del paraíso


La venta del paraíso

El tono cómico y surrealista de ‘La venta del paraíso‘ se contrapone al dramatismo costumbrista con el que se suele enfocar el drama de la inmigración en el cine. El destino y la necesidad de la joven Aura María nos permite descubrir un mundo irreal en medio de una sociedad llena de desigualdades.

Su director, Emilio Ruiz Barrachina, en un intento de cruda denuncia social, prescinde del dolor y de la frustración personal para hacer un retrato onírico sobre la condición humana. Se apega a la historia describiendo con cariño a sus personajes, como Oswaldo, El Paisa, Doña Pura y un magnífico Juanjo Puigcorbé en su papel de Olivetti. Una especie de «olvidados» al límite de su propia existencia.

Juanjo Puigcorbe
Juanjo Puigcorbe en «La venta del paraíso»

Funde imágenes realistas y otras donde lo icónico adquiere valor simbólico para convertirlas en un ejercicio de valentía cinematográfica. El filme nos desafía con un desarrollo muy hábil sobre la ambigüedad y los límites de la amoralidad. Sacude la conciencia y no dejará a nadie indiferente. Aunque probablemente sabemos lo que ocurre, es inevitable que se nos escapen matices.

No se preocupen, porque a ritmo de Tchaikovsky despertaremos del sueño para encontrarnos con la realidad. ‘La venta del paraíso’ es un fenomenal tratado sociológico rico en interpretaciones que invita a una profunda reflexión en quién lo contempla. Sin duda, la primera  revelación del cine español en lo que va de año.

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