Christopher Nolan y Zack Snyder han reinventado el Superman del siglo XXI. Un superhéroe que debe luchar contra la agonía de no ser comprendido por la gente que está tratando de ayudar y que aborda el mito de su origen. Tal vez esta sea la parte más interesante de cualquier historia de este tipo, e incluso para algunos, la única parte interesante, pero sin duda sacrifica un buen desarrollo narrativo en aras de complacer a los miles de seguidores del primer gran superhéroe del cómic. La máxima es hacer justicia al cómic a costa de una buena película.

Para facilitar la labor a los guionistas de ‘El hombre de acero’ se crea un comic en formato digital, a modo de precuela, que sirve de base para la construcción de la nueva historia del chicarrón de Kansas. El cómic establece una relación con la película que bien podría volver a explotarse en una secuela, ya que se centra en el personaje de Kara, más conocida como Supergirl, prima de Kal-El (Superman).

Kevin Costner en El hombre de acero

Kevin Costner en «El hombre de acero»

No se puede dejar pasar por alto la interpretación de la paternidad krytoniana y terrícola de Russel Crowe y Kevin Costner respectivamente. No cabe duda que sus hijos estarán orgullosos de verles en la gran pantalla con el hombre de la capa y la S en el pecho porque de verdad que están a la altura que se esperaba de ellos.

Debido al tiempo excesivo que se dedica a la batalla apocalíptica en esta película, gran parte del misterio y la novedad del acero se han agotado. Sigo prefiriendo los inocentes placeres del día a día del personaje original, así como su lucha contra el crimen a plena luz del sol y en colores primarios. Se echa en falta el espíritu ochentero que tenía el personaje en el cine.

El final se convierte en una tiranía 3D de efectos especiales, tanto visuales como sonoros, un tanto estridente, que además se agrava cada vez que Superman tiene que desahogarse dando unos histéricos gritos que exageran su ya portentosa virilidad construida a modo digital. ¡Christopher Reeve!, te seguimos echando de menos al ritmo de John Williams.

Sin duda, aventuras posteriores pueden perder altura. Aunque “a veces, primero tienes que dar un salto de fe. La confianza viene después”.