Giuseppe Tornatore nos contaba hace 25 años su amor incondicional hacia el cine en ‘Cinema Paradiso’. Una película con unas imágenes de una soberbia calidad aderezadas con la sensible y nostálgica música de Ennio Morricone. ¿Quién no se acuerda de Philippe Noiret dando vida al proyeccionista del cine Paradise y a Toto, su discípulo en el arte de proyectar magia e ilusión?

Toto es interpretado de forma magistral en sus tres etapas de la vida (quizás la más sublime y tierna es la de la niñez), por Salvatore Cascio, Marco Leonardi y Jacques Perrin. Desde ese niño curioso que imagina los diálogos de unos fotogramas entrecortados y admira el misterio de esa luz que sale del fondo y transforma la imagen. Hasta el adolescente que se enamora del séptimo arte y de una chica, siendo las bobinas, el celuloide y ella, los ejes de sus vida. Hasta que llegamos a Toto, un hombre maduro, que recordará con melancolía a ese cine, a ese pueblo que ve marchitarse porque desaparece el «Paradise», la mágica sala, fiel testigo de sus miedos, ilusiones e inquietudes.

collage de Cinema Paradiso

Imágenes de «Cinema Paradiso» (1998) dirigida por Giuseppe Tornatore

Una película sobre las películas como otro clásico italiano: ‘Fellini, ocho y medio’. Pero es que el cine, fue, es y será siempre, algo más de lo que vemos. Es un transmisor de la vida misma, de las emociones, del amor y de la esperanza. Y esta película es amor por  la vida, además de ser un claro ejemplo del buen hacer de un realizador italiano al que echábamos de menos: Giuseppe Tornatore.