Parece que el cine nos está preparando psicológicamente para el apocalipsis de la humanidad. En esta ocasión regresan los zombies para convertirse en el enemigo ideal a batir. ‘Guerra Mundial Z’, lejos de humanizar a estos personajes terroríficos se reitera en una débil estructura narrativa basada en gente muy asustada que corre para escaparse. Así se podría resumir esta película con tintes épicos producida e interpretada por Brad Pitt.

Lo más pretencioso de esta producción radica en la idea de que pudiera parecer realista e incluso que el público pudiera pensar que esto puede suceder en cualquier momento y a cualquiera de nosotros. Nada más lejos de la realidad. Esto forma parte del imaginario estadounidense, donde se puede llegar a pensar que a ellos, en cualquier lugar y cualquier día les pueden aniquilar. Nadie se libra, excepto unos pocos elegidos, entre los que se encuentra la familia de Pitt en la ficción. Una especie de seres privilegiados como militares y políticos, pero no el común de los mortales como nosotros.

Brad Pitt en plena batalla Zombie. Fuente: Paramount Pictures

Brad Pitt en plena batalla Zombie. Fuente: Paramount Pictures

En fin, otra película que nos vende lo importante que es salvar a Estados Unidos del mal, pero enmascarada en una supuesta lucha mundial contra la invasión zombie. Un guión que nos conduce a situaciones más que predecibles de la mano de un Brad Pitt en la piel de superhéroe americano, pero sin revestimiento de adamantium y garras. En definitiva, una película que intenta tocar nuestros puntos de presión fóbicos para desatar nuestro miedo interior, pero que se queda en una suave caricia que provoca la carcajada.

Una producción hecha para llenar las salas de cine de medio planeta que se convierte más en un taquillazo de acción que de terror. Un entretenimiento plagado de increíbles efectos especiales al ritmo de una inquietante banda sonora que anestesia al espectador. No gracias, me quedo con La invasión de los usurpadores de cuerpos’ de Don Siegel o con las películas de George Romero.