Crítica: La piedra de la paciencia


La piedra de la paciencia de Atiq Rahimi

El director de cine afgano Atiq Rahimi apunta directamente a nuestra sensibilidad, a nuestra facultad de contemplar, de escuchar, de sentir, y, en definitiva, de nuestra capacidad de emocionarnos, con su nueva película, ‘La piedra de la paciencia’.

La idea central de la historia se basa en el mito persa de “syngué sabour (la piedra de la paciencia), una piedra mágica que protege de la tristeza, del sufrimiento, del dolor y de la miseria. Su marido, que yace en estado vegetativo se convierte en su particular ‘piedra’, donde vierte sus desgracias, quejas y secretos.

La actriz iraní Golshifteh Farahani (‘Pollo con ciruelas’, ‘Encontrarás dragones’) da vida de forma sublime a una mujer que tiene que sobrevivir en un mundo hostil marcado por la guerra. Los movimientos de cámara adoptan la perspectiva de Farahani y nos paseamos con ella hasta adoptar su punto de vista de la realidad.

Escena interior de 'La piedra de la paciencia'. Fuente: Golem
Escena interior de ‘La piedra de la paciencia’. Fuente: Golem

Así descubrimos que hay dos mundos bien diferenciados en la película. El interior que se identifica con el amor y donde nuestra protagonista resplandece como una fuente de luz y color, y el exterior, que es profundamente desolador. No deja de turbar el magnífico contraste de su  belleza con el entorno de las calles de Kabul.

A pesar de las principales trabas a las que se enfrenta la industria cinematográfica de Afganistán, Rahimi logra con su particular estética cinematográfica prender la mecha que por fin ilumine la vida de muchas mujeres afganas en un mundo que les impone la oscuridad. Una extraordinaria película sobre la que reflexionar y que difícilmente olvidaremos.

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