Ron Howard  ha conseguido con ‘Rush‘ recrear cómo eran las competiciones de Fórmula 1 en la trágica década de los 70. Una época donde el romanticismo y la aventura primaban sobre el dinero. Tiempos en los que, a lo largo de cada temporada, varios pilotos se encontraban a la salida de cualquier curva cara a cara con su amiga la muerte.

Howard ha sabido captar el genuino espíritu de la competición, y nos ha transportado al pasado en un viaje inolvidable. Sus imágenes son adrenalina pura. Sin dejar de caer en ciertos tópicos que rodean el mundo de las carreras, lo cierto es que, por una vez, están insertados de manera fluida en el desarrollo dramático de la historia.

Escena de Rush

Escena de Rush dirigida por Ron Howard. Fuente: Eone Films

Ni ‘Las 24 horas de LeMans’ (1971), donde McQueen rinde un homenaje a uno de los grandes circuitos de la historia del automovilismo, ni tampoco ‘Grand Prix’ (1966) de John Frankenheimer. Con ‘Rush’ estamos ante la mejor película sobre automovilismo que se haya  realizado jamás. Magnífico el guión, que dibuja con trazo preciso a dos pilotos de F1, como fueron el austriaco Niki Lauda y el británico James Hunt. Daniel Brühl borda el papel de Niki hasta suplantar su personalidad. Pero soberbio es el montaje y espectacular el sonido.

Una película sobre el riesgo, no exenta de dramatismo, donde dos hombres  tratan siempre de ganar. Pero no se confundan, porque aquí, en la ficción, no hay ni vencedores ni vencidos.