El primer largometraje de Fernando Franco (montador de ‘No tengas miedo’ y ‘Blancanieves’) es una historia dura llena de naturalismo. Acude a la cotidianidad para mostrarnos un retrato aséptico de un personaje con un problema psicológico que afecta irremediablemente a su vida. Franco se esfuerza constantemente por conservar el tono íntimo del relato, por no exagerar el dramatismo, por dosificarnos el proceso continuo de degradación.

Por supuesto, puede verse ’La herida’ como un simple melodrama familiar despojado de adornos en pos de un minimalismo a veces algo forzado. Pero toda sombra de duda se ilumina con la honestidad de la película. Desde la primera escena vemos lo que ella ve. El grado de identificación que conseguimos con Ana llega hasta el punto de que nos transmite todo lo que ella siente. Lo mejor es que no se pretende que enjuiciemos moralmente al personaje.

Marian Alvarez en 'La herida'. Fuente: Golem

Marian Alvarez en ‘La herida’. Fuente: Golem

La delicadeza de Franco en la dirección de Marian Álvarez es impecable. La actriz está desbordante en el papel de Ana. Ella es la clave de la película. Su mirada y sus gestos emanan tristeza e inundan la cámara. No en vano ha ganado la concha de plata a la mejor actriz en la 61ª edición del Festival de San Sebastián. Ante la tentación de recurrir mediante flashbacks para conocer el pasado del personaje y así entenderlo mejor, el director nos deja en el aire este interrogante de manera muy inteligente para que tomemos un papel activo como espectadores.

Los silencios de la película son sencillamente desoladores. Y admirable el uso de panorámicas en la interpretación en lugar del clásico plano/contraplano. Parece como si el diálogo no se viera amputado por el montaje, en aras de acentuar, si cabe más, el naturalismo que desprende el filme.

Una invitación a mirarnos a nosotros mismos para pensar cómo podría ser nuestra reacción personal ante una situación  equivalente. Una excelente radiografía del dolor y el vacío que genera una enfermedad mental.