Eugenio Mira ha realizado con Grand Piano una especie de thriller musical con un guión poco plausible. A un comienzo expectante, al que le preceden unos magníficos créditos, le sigue un tedio absoluto en mitad de un desconcierto narrativo. Incluso, no podemos tomarnos en serio a Elijah Wood metido en la piel de pianista porque sobreactúa en todo momento.

La idea es original, pero la manera de plantear la historia no convence y apenas entretiene. El suspense gravita alrededor del personaje cuando lee las amenazas escritas en la partitura musical, pero desde el momento en que recurre al móvil el suspense se diluye sin más, llegándose a rozar lo ridículo. Sí, sus movimientos de cámara están inspirados y sabe merodear alrededor del piano, pero la música es tan envolvente que simula más un melodrama que un trepidante thriller.

Escena de Grand Piano de Eugenio Mira. Fuente: Paramount Pictures

Escena de Grand Piano de Eugenio Mira. Fuente: Paramount Pictures

Está claro que todavía el teléfono móvil no ha adquirido su importancia dramática en el cine. Así como el teléfono negro de pared o de mesita era por sí mismo todo un género y ha tenido una importancia crucial en argumentos, situaciones, relaciones y personajes, al teléfono móvil aún no le han sabido exprimir su narrativa.

En ‘Grand Piano’, el móvil  no encuentra el sitio que  está pidiendo a timbrazos. Se usa como único y agónico recurso dramático a una historia imposible. Lástima que Rodrigo Cortés, uno de sus productores, no midiera las posibilidades dramáticas de la historia, como si hizo en  ‘Buried’. ¡Si Hitchcock levantara la cabeza!