Crítica: Dos vidas


Juliane Kohler en Dos vidas

Cuando terminé de ver la película ‘Dos vidas’, dirigida por Georg Maas y Judith Kaufmann, sentí una ligera decepción. Me había ilusionado con la idea de poder disfrutar de una historia que combinaba temas que imaginaba harían de la película una experiencia emocionante: Stasi, Nazis, Lebensborn, muro de Berlín. Desgraciadamente no fue así.

La película tiene sus raíces en la organización nazi Lebensborn, cuyo objetivo era expandir la raza aria ofreciendo ayuda a las esposas de militantes nazis o madres solteras, a la vez que administraba orfanatos y dirigía programas de adopción. Las atrocidades eran principalmente dos: niños nacidos bajo la protección del programa y que al no cumplir con los estándares arios tenían un final trágico;  y niños «racialmente buenos» de los países ocupados que eran secuestrados y enrolados en el programa de adopciones de Lebensnorn.

Julia Bache-Wiig y Liv Ullmann en Dos vidas
Julia Bache-Wiig y Liv Ullmann en «Dos vidas». Fuente: Karma Films

La protagonista de la película, interpretada por Juliane Köhler, realiza una actuación muy creíble. Es una persona inmersa en la dicotomía de vivir una vida que realmente no le pertenece, pero que después de tanto tiempo cree suya, y, que bajo ningún concepto  quiere perder. La que hiciera de Eva Braun en ‘El hundimiento’ hace un buen papel, pero la película no acompaña.

Una relevante interpretación tiene Liv Ullmann, la que fuera musa y pareja de Ingmar Bergman, además de actriz, directora y guionista de amplia experiencia. Como madre ultrajada por el programa Lebensborn consigue transmitir la confusion que tiene su personaje, aunque poco más. Destacan terriblemente los demasiado numerosos y desconcertantes giros temporales de la película, que en ocasiones no consiguen transportarte al espacio temporal deseado, sino todo lo contrario e introducirte en la bruma atemporal de la trama a base de imágenes envejecidas digitalmente.

Pese a ser candidata al Oscar por Alemania, la película se encuentra a años luz de títulos como ‘La vida de los otros’, ‘Sophie Scholl’ o ‘Goodbye Lennin’. Es una pena que con ingredientes tan buenos no hubieran podido desarrollar una película más interesante. Se ha quedado en algo simplemente “pasable”.

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