‘Sueño de invierno’, del director de cine turco Nuri Bilge Ceylan y ganadora de la Palma de Oro en Cannes, está inspirado en tres historias cortas de Chéjov. De hecho, a cualquiera que esté familiarizado con la obra del escritor le será fácil reconocer esta influencia en la película. Ambientada en Capadocia cuenta la historia de un matrimonio en crisis condenado a entenderse en mitad de la nada. Pero lo fascinante de todo es cómo se narra la historia. Porque estamos ante una película de diálogos habilmente escritos, donde cada frase ha sido escogida con una meticulosidad propia de un virtuoso de la escritura cinematográfica. Y por eso este diálogo tan literario fluye a lo largo de más de tres horas para deleite del espectador.

La película cuenta la historia de Aydin, un actor jubilado, que dirige un pequeño hotel en Anatolia central con la ayuda de su joven esposa y de su hermana. A medida que las nieves del invierno van cubriendo la estepa también salen a relucir a la superficie sus verdaderas aflicciones. Ceylan demuestra una gran maestría para tratar el conflicto de pareja y la resolución de disputas, cual aplicado discípulo de Ingmar Bergman.

Melisa Sözen en Sueño de invierno

Melisa Sözen en «Sueño de invierno». Fuente: Golem

Pero sin duda, lo que más sorprende es la fuerza y vigor de los personajes. Desde los gestos utópicos de Ismail, que sirven para realzar el realismo de la historia, hasta la creación de unos personajes femeninos con un marcado carácter. Sin olvidarnos de la gran interpretación de Haluk Bilginer, que encarna a Aydin, y que es un actor muy conocido en Turquía.

Somos conscientes de haber visto una película fuera de lo común, de esas que nos provocan una tremenda angustia y melancolía con solo pensar que podemos sufrir como lo hacen Aydin y Nihal en ese proceso destructivo en el que se encuentran inmersos y que, a modo de catarsis, les liberará para reemprender una existencia diferente. Porque la responsabilidad moral traspasa la pantalla y llega a impregnar nuestra conciencia. Y de fondo, para filosofar sobre la condición humana suenan los acordes de la sonata nº 20 de Schubert. ¿Quién dijo que el cine de autor no podía ser popular?