Crítica: Saint Laurent


escena de Saint Laurent

No le gustan a Bertrand Bonello las medias tintas, y por eso en sus películas las situaciones son llevadas hasta sus últimas consecuencias, sin que ello implique necesariamente censurar el comportamiento de sus personajes. Muestra de esta manera de hacer cine es su última película, el biopic de ‘Saint Laurent’. Una película estridente, excesivamente larga y que desmerece la figura del modisto francés.

‘Saint Laurent‘ intenta recrear la vida del creador a partir de finales de los años sesenta. Justo la época que se considera como la mejor desde el punto de vista creativo, pero también la más dramática de su vida personal, que estuvo marcada por complicadas relaciones amorosas, dependencia con las drogas y momentos de depresión. A partir de aquí, Bonello tiene todos los ingredientes para cocer a fuego lento su particular y fascinante visión de una personalidad como la de Yves Sain Laurent, pero el resultado no puede ser más indigesto, tanto por su caótica manera de narrar como por su pretenciosa grandilocuencia.

Saint Laurent
Escena de «Saint Laurent» de Bertrand Bonello

Se trata de la segunda película biográfica sobre la leyenda de la moda francesa. En la primera adaptación, dirigida por Jalil Lespert e interpretada por Pierre Niney, contaba con una puesta en escena elegante empeñada en no ofender y bordeando siempre esa frontera tan delgada que separa lo efectista de lo banal. Y es precisamenta la banalidad lo que mejor caracteriza la versión de Bonello, ya que intenta seducirnos exaltando la frivolidad del personaje. No va más allá de los desnudos de los actores, orgías, fiestas en discotecas y abusos de drogas.

La película es incapaz de mostarnos la complejidad de un genio como Saint Laurent para acabar transformándose en una burda caricatura. Bonello, que juega a aprendiz de Visconti, se repite una y otra vez a lo largo de las dos horas y media de metraje y sacrifica lo que podía haber sido una buena historia en aras de su vanidad cinematográfica.

Menos mal que Gaspard Ulliel, el chico suspiro del cine francés, le da cierta fuerza creativa al personaje. Al igual que Helmut Berger, que le da vida ya de anciano en las pocas escenas en las que aparece el modisto ya retirado, solo y viviendo únicamente de sus recuerdos. Un filme que más que mostrar el proceso creativo del genio lo desvirtúa.
logo SEFF_2014

Artículo anterior Sevilla se vuelca con su Festival de Cine Europeo
Próximo artículo Crítica: Turist

2 Comentarios

  1. 12 noviembre, 2014
    Responder

    No me gusta el cine sobre moda porque no entiendo de ese tema y me cansa, con la excepción de El Diablo viste de Prada. Y después de leer tu fantástica crítica creo que todavía tengo menos intención de ver esta peli.
    Un saludo

  2. Vicent
    12 noviembre, 2014
    Responder

    Una pena que esta segunda película sobre el afamado modisto sea tan mediocre. Eso sí, Gaspard Ulliel lo clava físicamente. Quizás la temática y el contexto era algo difícil para hacer algo decente.

Déjanos tu opinión...

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *