Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia)‘ de Alejandro González Iñárritu ha levantado pasiones entre los críticos cinematográficos, pero también ha dejado al descubierto la efímera naturaleza del éxito, ya que la grandeza que nos pretenden vender sobre ‘Birdman’ es igual de ilusoria que la misma historia que vive Riggan (Michael Keaton) en la película. Su tono hace equilibrismos entre la comedia y el patetismo; entre la ilusión y la realidad, dejando margen para escenas memorables y otras con una dosis de extrañeza que no llegan a convencer.

El cineasta mexicano es de los que se prodiga cada cierto tiempo y siempre genera muchas expectativas con cada película que estrena. Podríamos decir que se hace de rogar, ya que hay que esperar tres o cuatro años para ver un nuevo trabajo suyo. En esto se parece a nuestro Alejandro Amenábar. Además, da la casualidad que ambos directores tienen en su haber solo cinco largometrajes. Aunque el  reconocimiento internacional del talento de González Iñárritu por su manera tan personal de hacer cine no lo tiene el cineasta español.

Michael Keaton en Birdman

Michael Keaton y su alter ego en «Birdman» de Alejandro González Iñárritu. Fuente: Fox

‘Birdman’ supone el quinto largometraje en la talentosa carrera profesional de Alejandro González Iñárritu, que se remonta al año 2000 con ‘Amores perros’, una brillante película con la que se dió a conocer en medio planeta. No hay que olvidar que la filmografía del director mexicano está inexorablemente unida al drama social. Él, más que nadie en el panorama cinematográfico actual, tiene esa aguda capacidad de retratar la complejidad de la condición humana en situaciones al límite. Títulos como ’21 gramos’ (2003), ‘Babel’ (2006) y ‘Biutiful’ (2010) son muestras de ello. El drama es el género donde se mueve como pez en el agua y el que le ha valido cerca de 130 nominaciones a premios por sus cuatro filmes. Por eso con ‘Birdman’ le ha salido una comedia con mucho humor negro. No podía ser de otro modo.

La manera más divertida de hablar de esta película es desplegando nuestro particular kaleidoscopio de impresiones y atrevernos a compartir lo mejor, pero también lo peor, de una obra por lo menos estimulante para el espectador.

¿Qué es lo mejor?

  • El talento que desborda Michael Keaton en su papel de Riggan Thomson, un personaje que lucha contra su mediocridad de una manera muy visceral. Una interpretación brillante y honesta que deja ver como domina el drama y la comedia de una forma que lo diferencia de cualquiera.
  • Una puesta en escena compuesta por un único plano secuencia (falso), donde los movimientos de los personajes y el diálogo están sincronizados de manera tan precisa con el movimiento de la cámara que nos hace experimentar de manera radical la verdadera perspectiva del personaje principal.
  • La capacidad de captar el espíritu de Times Square y del propio Broadway. Tanto la actividad de la calle, la gente, las luces y el bullicio de todo ello. Como espectadores percibimos toda esa energía que desprende el escenario.
  • Una manera de narrar divertida sobre los desastres de nuestra propia naturaleza humana. Estamos ante un guión que rebosa más originalidad de la que nos tienen acostumbrados y que desprende ironía con algún que otro guiño a la industria cinematográfica.
  • La hilarante escena donde Keaton pasea en calzoncillos por las calles de Nueva York es realmente memorable.

 ¿Y lo peor?

  • El afán por impactar visualmente (al estilo de su compatriota Alfonso Cuarón) acaba por lastrar las escenas donde se muestra a Birdman, el alter ego de Keaton. Son imágenes realmente prescindibles por la insoportable trascendencia que pretenden transmitir.
  • El metraje se alarga más allá de lo que la historia puede contar, lo que hace que la película resulte algo repetitiva y no consiga levantar el vuelo del interés.
  • Mucho nos tememos que se trate de un producto ideado para ganar en la temporada de premios cinematográficos que se avecina. Sin embargo, resulta paradójico su primer batacazo, ya que solo ha ganado dos (guión y actor principal) de las siete nominaciones que tenía para los Globos de Oro.
  • La música de batería que está presente en toda la película llega a resultar demasiado invasiva, por momentos ensordecedora, salida de tono y cercana al ruido.
  • La dosis de extrañeza que rodea a la película crea un cierto pavor. Es una historia que pretende ser diferente pero que no llega a convencer, y ni por asomo se puede llegar a considerar el mejor trabajo de González Iñárritu hasta la fecha.

Aunque hay algo trágico y divertido, a la vez que real y surrealista en toda la película, no es la obra maestra que algunos pretenden ver. El logro del nuevo trabajo del cineasta mexicano puede resultar efímero de un momento a otro, como si la sombra de Birdman fuera tan alargada que acabara por apagar la hoguera de las vanidades de todo ese círculo que se vanagloria de la «inesperada virtud de la ignorancia». Si te animas a verla no dejes de contarnos qué te ha parecido. Me temo que la polémica está servida.