Crítica: Nightcrawler


Jake Gyllenhaal en Nightcrawler

Nightcrawler‘ es el debut cinematográfico como director del guionista estadounidense Dan Gilroy, que con 55 años nos ha deparado una ópera prima memorable, de esas que delatan un gran talento y una forma diferente de hacer cine. El título de la película nos desvela la historia, ya que hace referencia a los merodeadores nocturnos, la versión televisiva de los paparazzi de las revistas, que con videocámaras aparecen rápidamente en escenas del crimen, accidentes de tráfico e incendios para captar imágenes que luego venderán a las televisiones.

Con una atmósfera muy peculiar y con situaciones fuera de lo común, parece evocarnos a ese «cine nocturno» que Scorsese retrató en ‘Taxi Driver’ e incluso de algún modo en ‘Jo, qué noche’. Eso sí, aquí no estamos en Nueva York sino en Los Angeles. Y es precisamente esa cara más noctámbula y menos amable la que queda de manifiesto a través de personajes solitarios, outsiders que apenas tienen contacto con los demás. Gente de pocos escrúpulos que poco pueden perder en una sociedad que les rechaza y que un buen día deciden pasar a la acción.

El impecable resultado de ‘Nightcrawler’ se debe a la fortaleza de su guión, y en concreto a Lou, su personaje principal, interpretado de manera intensa por un Jake Gyllenhaal en estado de gracia. El actor de ‘Zodiac’ llegó a perder 12 kg para transmitir ese aspecto demacrado y famélico que encaja con el perfil de un joven al límite desesperado por triunfar. Su personaje vive su particular sueño americano, pero a costa de los demás, lo que le lleva a cruzar de manera inquietante la línea roja en varios momentos.  Al final todo deriva hacia un mundo marcado por la amoralidad y que proyecta en el espectador una imagen enferma de la sociedad que vivimos.

Escena de Nightcrawler de Dan Gilroy
Escena de «Nightcrawler» de Dan Gilroy. Fuente: Filmax

El filme vuelve a poner encima de la mesa el eterno debate sobre los límites de la libertad de información. De nuevo el periodismo en el cine para recordarnos de manera retorcida que tendemos a mirar la violencia y que fomentamos este tipo de imágenes. Además, resulta desolador pensar que en el fondo el personaje de ‘Nightcrawler’ viene a encarnar al nuevo héroe de la sociedad contemporánea, ese que deámbula por consejos de administración de muchas empresas y que es capaz de dejar en la calle a sus empleados para luego comprarse un yate de 120 metros o un Porsche Cayenne. Porque Lou proyecta lo más abyecto y oscuro de nosostros mismos con una habilidad maquiavélica.

¿Una película de culto? Creo que por ahora aún es pronto para pensar en eso, lo que no quita para decir que el trabajo de Dan Gilroy nos ha permitido salir de la sala de cine con esa inmensa satisfacción que únicamente dejan las películas que tratan al espectador con la inteligencia que se merece.

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