Crítica: Todo saldrá bien


Con ‘Todo saldrá bien‘ Win Wenders vuelve a la escena cinematográfica tras el éxito de ‘La sal de la tierra’, documental sobre el fotógrafo Sebastião Salgado. Desde que estrenara en 1984 su famosa cinta ‘París, Texas’, donde obtuviera unánime éxito de crítica, al director alemán se le reclaman largometrajes con igual resultado, algo que sólo parece conseguir con sus trabajos documentales. Parece que Wenders vive el arte cinematográfico a su manera, permitiéndose el lujo de hacer lo que le da la real gana experimentando con diálogos, silencios, planos y colores que no a todo el mundo convence.

La película, rodada en 3D, cuenta la historia de un joven escritor interpretado adecuadamente, como ya hiciera en ‘Una historia real‘, por James Franco. Su personaje vive un suceso trágico producto involuntario de su ensimismamiento y cuyas consecuencias son fatales no solo para el mismo y todos aquellos implicados en el incidente, sino también para todos los que se encuentran en el entorno. El filme se centra en los doce años posteriores al acontecimiento y en cómo, con mayor o menor éxito, sus protagonistas son capaces de superar el lance.

Todo saldrá bien
James Franco y Rachel McAdams en “Todo saldra bien”. Fuente: Avalon.

La película cuenta con la madurez y experiencia de Charlotte Gainsbourg. Magnífica elección del director porque quién podría dar vida a un personaje tan extraño, enigmático y complicado de entender como ella. Por otro lado, Rachel McAdams cumple su función y resuelve correctamente un papel casi plano. Y es James Franco, desde su papel protagonista, quién soporta el peso del drama. El actor de Palo Alto hace un interpretación verosímil de un personaje muy complejo en circunstancias excepcionales, aunque sus gesticulaciones pueden llegar a resultar un tanto forzadas.

Reconozco que al estar acostumbrado a ritmos más rápidos y desarrollos más impactantes, en ocasiones, la película se convierte en una monótona sucesión de excelentes planos que a nivel narrativo poco nos cuentan. Sin embargo, resulta interesante ver este repaso lento y sosegado de las etapas del duelo: el shock, la rabia, la desorganización y posterior orden. Ver como diferentes personas son capaces de superar hechos trágicos de modos muy dispares y a través de mecanismos muy particulares. Como la propia naturaleza del ser humano determina la manera en la que sobreponerse a estos hitos. Pero sobretodo el rechazo que produce que se pueda llegar a conseguir el éxito y el equilibrio después de haber sido el inductor de una experiencia traumática de tal calibre.

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