‘Corazón silencioso’, lo último del cada vez menos prolífico Bille August, no es solo un intenso drama familiar donde los conflictos y los diferentes aspectos del amor se dan cita en un fin de semana redentor durante el que se reúnen todos los miembros de una familia, sino también es una interesantísima propuesta sobre el sentido de la vida y la muerte que propone un diálogo sosegado sobre la eutanasia.

Es evidente que lo que caracteriza la filmografía del director danés es el drama en todas sus vertientes. August aborda con mucho talento y con una mirada muy personal los conflictos personales y sociales. Ha sabido retratar como nadie la pobreza, la vida rural y el racismo hasta el drama de época, biográfico y romántico. Su reconocimiento le vino ganando la Palma de Oro en dos ocasiones en Cannes. Una con ‘Las mejores intenciones‘ (1992) y la otra con ‘Pelle el conquistador‘, que también ganaría en 1988 el Oscar a la Mejor película de habla no inglesa.

Estamos ante una historia sobre el derecho de cada uno a aceptar o rechazar la vida en circunstancias extremas, pero es, ante todo, una película que gira en torno a las relaciones. Concretamente, las que se establecen entre los complejos individuos que forman una misma familia que, con el paso de los años, se han alejado los unos de los otros, e incluso de sí mismos. Sin embargo, al encontrarse en una situación insólita, empiezan a abrirse y se vuelven vulnerables. Por tanto, la película reflexiona sobre cómo nos relacionamos con otras personas y sobre cuál es el verdadero sentido de la vida. En este aspecto, ‘Corazón silencioso‘ intenta ofrecer una respuesta a través de la reconciliación y el cariño.

Ghita Nørby en Corazon silencioso

Ghita Nørby en ‘Corazón silencioso’ de Bille August. Fuente: Golem

Para que los personajes exploren con brillantez sus emociones en un espacio y un tiempo tan cerrado, solo se podía conseguir con el talento actoral que ha conseguido reunir August. Puede dar fe de ello Paprika Steen, que ganó el premio a la mejor actriz en el Festival de San Sebastián por dar vida a la hija de Esther, intepretada por la actriz danesa Ghita Nørby. Es admirable como nos identificamos con los personajes y establecemos con ellos una relación tan íntima.

En esta historia nada es arbitrario. Aunque hay veces que persigue llevarnos por laberintos melodramáticos, siempre quedan suspendidas esas emociones superfluas en una especie de nube que nunca termina por estallar. Una interesante propuesta que nos hace reflexionar más allá del drama que se desarrolla ante nosotros.