Crítica: El Club


escena de El Club de Pablo Larrain

El Club‘ es el quinto largometraje de Pablo Larraín, un director chileno al que debemos tener muy presente, no solo por su particular mirada sobre la realidad sino por la forma en la que rueda. En esta ocasión nos retrata la reclusión de un grupo de sacerdotes a los que les une un oscuro pasado. Pedofilia, robo de recién nacidos y colaboración con los ultrajes de la dictadura militar son algunos de esos delitos realizados por estos curas en pleno ejercicio del sacerdocio. Ahora viven su penitencia bajo la atenta mirada de una vigilante en una casa aislada de un pequeño pueblo costero.

Larraín explora con una atmósfera perturbadora la historia de esos sacerdotes «exiliados» al borde del abismo, a los que han llevado a casas de retiro con el máximo sigilo para evitar ser juzgados por tribunales civiles, dejando claro que para la Iglesia un sacerdote solo debe responder ante Dios. Se trata de una película brutal por lo explícito y perversa por lo que deja entrever. Admirable como un guión que se iba escribiendo a medida que se rodaba no tenga fisuras por ningún lado. Sus personajes, a los que dan vida un extraordinario elenco de actores, entre los que destaca Alfredo Castro y la escalofriante interpretación de Roberto Farías como víctima de abusos sexuales, es parte del logro de este magistral drama iberoamericano.

Alfredo Castro en El Club
El actor Alfredo Castro en «El Club» de Pablo Larraín. Fuente: Caramel Films

‘El Club’ es una película que incomoda y que habla del sentido de la culpa. En ésto tiene un punto de retorcimiento que lo acercaría al cine de Haneke, por diseccionar el lado más perverso y violento de la mente humana. Asimismo no dejaría de ser un thriller con tintes religiosos. Aquí se sustituye al policía o detective por un asesor espiritual enviado por la misma Iglesia Católica. Interrrogatorios, confesiones e investigación no faltan para una cinta donde el amor y la fe aparecen desnaturalizados. La gran conquista de esta película es el contraste que logra establecer entre la contemplación y la implicación de los protagonistas, y sobre todo porque a través de un lenguaje duro, vulgar y crudo construye unos diálogos sinceros que nos atrapan en todo momento.

Merece la pena reparar en la extrema naturalidad de la fotografía y en una música que desencadena extrañas emociones a través de una melodía con una considerable fuerza expresiva. Pablo Larraín viene precedido por el éxito de ‘No’ y por su nominación al Oscar como Mejor Película de Habla no Inglesa. Con ‘El Club’ ha obtenido ya el Oso de Plata del Gran Premio del Jurado de la Berlinale. Seguro que es el comienzo de una larga lista de reconocimientos.

‘El Club’ acaba teniendo un valor testimonial de unos hechos muy crudos y denunciables. Un documento fílmico que abofetea sin remilgo alguno a la Iglesia Católica y que se convierte en una de las propuestas más sorprendentes y estimulantes del reciente cine iberoamericano.

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