Crítica: Un día perfecto


El director y guionista español Fernando León de Aranoa nos trae con ‘Un día perfecto’ una película que rezuma humanidad, lo que se ha convertido ya en su especialidad. Lo avalan títulos como ‘Familia‘, con la que obtiene el Goya a mejor director novel;  ‘Barrio‘, Concha de Plata al mejor director en el Festival de Cine de San Sebastián o ‘Los Lunes al Sol‘, premio Ariel de la Academia mexicana a la mejor película iberoamericana. Con ‘Amador‘, su último largometraje, consigue hacerse con la estatuilla al mejor director en el Festival de Cine de Guadalajara en México. Todas ellas reconocidas películas que hablan del ser humano, relaciones personales, desesperanza, marginalidad, generosidad. En definitiva: cine social.

En ‘Un día perfecto’ el director nos cuenta un día de trabajo de un grupo de profesionales de una ONG expatriados en los Balcanes allá por los años 90 cuando se supone que la paz ya ha llegado al territorio. Se podría deducir que la experiencia del corto documental ‘Refugiados‘, que León de Aranoa escribió y dirigió para ACNUR, fue una gran influencia e inspiración. Para este trabajo tuvo que viajar a a los campos de refugiados de Etiopía, que acogen a decenas de miles de somalíes y sudaneses. Aunque el largometraje se centra en los cooperantes, no deja de lado a los verdaderos protagonistas de las guerras: los locales y sus dificultades para continuar su vida en medio de tanto odio y devastación.

Olga Kirulenko y Mélanie Thierry en 'Un día perfecto'
Olga Kirulenko y Mélanie Thierry en»Un día perfecto». Fuente: Universal Pictures

La película destaca por dos hechos fundamentales. En primer lugar, su guión basado en la novela ‘Dejarse llover’ de Paula Frías, empleada de la ONG Médicos Sin Fronteras. Se trata de un trabajo de adaptación sobresaliente realizado por León de Aranoa. Un guión con principio y fin, donde todo tiene un sentido, donde cada detalle está bien hilado, con personajes bien interrelacionados y un macguffin de libro de texto. No siempre se tiene la suerte de asistir a ejercicios de guión tan completos.

En segundo lugar destaco al reparto. La cinta cuenta con una interpretación coral de lujo, con estrellas internacionales encabezada por el gran Benicio del Toro. Éste carga con acierto con el peso de la película dando vida a un personaje resignado con la realidad que le toca vivir en las misiones en las que trabaja, con los pies en la tierra y sin perder nunca la perspectiva racional, pero también con una lucha interna entre el amor y el deseo. Le acompaña Tim Robins, Olga Kirulenko y Mélanie Thierry, creando un grupo interpretativo solvente, verosímil y que transita del drama al humor con mucha consistencia, lo que permite que el espectador no se distancie de la ficción.

Película imprescindible para aquellos que quieran ver de cerca la cruda realidad que viven los profesionales humanitarios que se desplazan a conflictos armados. Una cinta con más humor del que se cabría esperar sobre el conflicto bélico de los Balcanes con mucho talento delante y detrás de la cámara.

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