Spotlight‘, la última película de Thomas McCarthy, hace referencia al equipo de periodistas de investigación del diario Boston Globe que destapó en 2002 los escándalos de pederastia cometidos por curas de Massachussets. Basada en hecho reales, la película se erige como un elogio al verdadero periodismo y también en un sentido tributo a las víctimas de tales atrocidades.

El editor Marty Baron toma la iniciativa de investigar en el Boston Globe un asunto tan relevante como fueron los abusos sexuales perpetrados por curas. Para ello se vale de un grupo de periodistas encabezado por Walter ‘Robby’ Robinson, interpretado de manera brillante por Michael Keaton, y donde se encuentran también Mark Ruffalo y Rachel McAdams. El objetivo no es otro que destapar la información que fue escondida intencionadamente por la archidiócesis de Boston y por el cardenal Bernard Law para proteger a curas pederastas.

La película se vale más del thriller que del drama para contarnos en clave cien por cien periodística las miserias de la Iglesia Católica. En este sentido no se pone el foco tanto en la historia de pederastia, sino en el compromiso de unos profesionales por sacar a la luz la verdad. Estamos ante un verdadero ejercicio de la profesión, ejemplarizante porque nos recuerda que todo periodismo debe ser investigativo por definición, y la conciencia de que la ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre a la práctica periodística como el zumbido al moscardón.

Michael Keaton en Spotlight

Michael Keaton en “Spotlight”. Fuente: eOneFilms

La película alcanza su mayor altura cuando por fin se escribe la noticia y se pone en marcha la rotativa que la publicará. Y es aquí, en la víspera de un momento tan crucial, cuando se echa de menos esa escena (presente en muchas películas del llamado género “cine periodístico“) donde los protagonistas ahonden en cuestiones quizás más filosóficas y existenciales sobre el sentido del oficio periodístico. Todo con una iluminación adecuada, excelentes diálogos e incluso con una copa de whisky. Falta esa escena, pero poco más se le puede reprochar a una película que sigue con rigor los cauces procedimentales propios del periodismo, narrado siempre con un cuidado extremo por no dañar la sensiblidad del espectador.

Resulta gratificante el homenaje de ‘Spotlight’ a los muckrakers (removedores de mierda) como algunos poderosos llegaron a descalificar a los periodistas que destapaban la verdad. Buen ejemplo de ello es la excelente película de Alan J. Pakula, ‘Todos los hombres del presidente’ (1976), otra clase magistral de periodismo. También el filme acaba teniendo un valor testimonial de unos hechos muy crudos y denunciables, al igual que hiciera Pablo Larraín con ‘El club‘.

El mérito de ‘Spotlight’ radica en cómo su director y guionista, Thomas McCarthy, logra encontrar el tono justo, en cómo consigue mantener un continuo equilibrio con unos hechos tan  dramáticos, articulando algo profundamente sencillo sin que esa sencillez sucumba en la monotonía. El resultado final es admirable, pero no tanto como para ganar el Oscar.