The Lady in the Van‘, película que le ha valido una nominación al Globo de Oro y otra a los BAFTA a Maggie Smith, cuenta la historia de una anciana que aparcó su caravana en una calle de chalets del barrio de Candem en Londres y vivió allí durante quince años. Está basada en hechos reales -en su mayor parte-, y se centra especialmente en la relación de amistad que se establece entre ella y Alan Bennett, uno de los vecinos (que además es el guionista de la película).

La película comienza con una escena que posee una potencia notable, y presenta lo que promete ser una especie de comedia negra. Después de los títulos de crédito, aparece el protagonista de la historia, un dramaturgo que vive solo y que mantiene conversaciones consigo mismo y al que vemos duplicado. Un recurso que nunca funciona, y que desde el principio deja la sensación que existe únicamente porque el director y el guionista no saben bien cómo explicarnos la historia.

El principal problema reside en la estructura del guión, que pretende ser original, pero lo que realmente logra es que cada escena tenga un tono diferente y que nunca tengamos una sensación de unidad dentro de la propia película. Los constantes giros no ayudan en absoluto, y en ocasiones algunos diálogos resultan forzados. Es más ingeniosa cuando no lo intenta y no es consciente de que lo es, que cuando lo busca desesperadamente.

En el terreno narrativo, The Lady in the Van es bastante caótica. Ni la voz en off, ni los diálogos funcionan del todo bien. Hay demasiados recursos explicativos que no son necesarios, pues ya nos lo están contando mediante la imagen. Y tampoco está bien reflejado el paso del tiempo, ni en los personajes, ni en el entorno. Todo sigue absolutamente igual que al principio, cosa que tampoco ayuda a la hora de introducirnos en el mundo de lo que se nos está contando.

The lady in the van dirigida por Nicholas Hytner

Escena de “The lady in the van” dirigida por Nicholas Hytner. Fuente: Sony Pictures

Lo que más merece la pena es el placer de ver a Maggie Smith en un papel memorable, y que nos recuerda lo enorme que es como actriz. Ella es sin duda alguna lo mejor de ‘The Lady in the Van’, cada vez que aparece, la película respira, y solo con su mirada es capaz de transmitir todo lo que no se consigue ni por guión ni por dirección. He aquí un ejemplo de cómo una intérprete en estado de gracia es capaz de levantar por sí sola una película mediocre y prácticamente salvarla. Se queda muy cerca de conseguirlo, pero finalmente la multitud de cambios de ritmo y de tono y un final cercano a lo avergonzante hacen que sea muy difícil poder defender la película.

Sin embargo, a pesar de sus múltiples errores, resulta una película inofensiva, accesible y sin pretensiones. Para el gran público que va al cine a pasar el rato y no pensar demasiado, es un entretenimiento aceptable y con buenas intenciones. No irrita ni aburre aunque tampoco perdura en la memoria.

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