Crítica: Freeheld, un amor incondicional


Julianne Moore y Ellen Page en Freeheld, un amor incondicional

Freeheld, un amor incondicional‘ es la cuarta película del director estadounidense Peter Sollett. En esta ocasión utiliza la historia real de una pareja de lesbianas, interpretadas por Julianne Moore y Ellen Page, que luchan por tener los mismos derechos que las parejas heterosexuales frente al previsible fallecimiento de una de ellas. La historia ya fue tratada en formato documental por Cynthia Wade en ‘Freeheld’ cuyo trabajo fue galardonado con el Oscar al mejor documental en 2008.

Laurel Hester es una condecorada oficial de policía de mediana edad que se enamora de la joven Stacie Andrée. Viven en el conservador estado de New Jersey y llevan una vida lo más discreta posible para no llamar la atención. Pese a ello formalizan su relación acogiéndose a la, por entonces, novedosa legislación que regulaba las pareja de hecho y se compran una casa.

Steve Carrell en Freeheld, un amor incondicional
Steve Carrell en «Freeheld, un amor incondicional». Fuente: Filmax

La vida es maravillosa hasta que inesperadamente Laurel Hester enferma gravemente y solicita que su pareja reciba la misma protección que el cónyuge de cualquier compañero de trabajo recibiría por si falleciera. El conservadurismo hace que el sentido común no prevalezca y  los funcionarios del condado (Freeholders) rechazan en varias ocasiones su petición. Con el apoyo de su compañero en el cuerpo de policía, muy bien interpretado por el siempre correcto Michael Shannon y sobre todo con la ayuda de un activista judío de los derechos homosexuales, maravilloso Steve Carrel, comienzan la lucha contra la discriminación homosexual en pro de la justicia social.

Freeheld, un amor incondicional‘  tiene la pizca necesaria de activismo y quiere contenerse en emotividad. Sin embargo es inevitable, debido a la crudeza de su historia, que apele a todos los sentimientos relacionados con el amor, la enfermedad, la justicia y la lucha de una minoría oprimida. Y aunque la película tiene un ritmo de largometraje sosegado en ocasiones se podría confundir con un telefilme. Pese a ello, merece la pena ver este sensible trabajo reflejo de las injusticias a las que la gays, lesbianas, transexuales y bisexuales en ocasiones hacen frente. Y ya solo por volver a ver a Julianne Moore… También es un buen cine LGTBI.

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