Crítica: Las mil y una noches: vol. 3, El embelesado


Las mil y una noches: Vol.3, El embelesado

Tras las dos primeras partes (‘El inquieto‘ y ‘El desconsolado‘, respectivamente), Gomes finaliza su titánico proyecto con ‘El embelesado‘, tercera y última parte de ‘Las mil y una noches‘. La película comienza contando la historia de Sherezade, quien deja de ser únicamente la narradora para convertirse en la protagonista, que duda de su capacidad de no complacer al rey con sus historias, y por ello, se escapa de palacio dispuesta a recorrer el reino en busca de placeres y embeleso.

Es posible que esta primera parte de película sea lo mejor que nos ha dado toda la trilogía. Es un despliegue visual y de inventiva ante el cual no es difícil caer embelesado. Como en las anteriores entregas, aquí Gomes vuelve a mezclar el pasado con el presente, logrando llegar a un nivel narrativo de muy alta calidad, que funciona a la perfección. Es curiosa la manera que tiene de relacionar la cultura oriental con zonas poco desarrolladas en el mundo occidental.

En el tiempo en el que se nos presenta a Sherezade una vez huye de palacio, la gente vive aparentemente sin preocupaciones, en un espacio idílico. Para conseguir esto, se hace un uso particular de la música, que dota a las imágenes de más magnetismo aún del que ya tienen de por sí. Imprescindible destacar la fotografía, que sabe adaptarse maravillosamente a cada una de las historias que se nos cuentan. Si lo que quiere lograr es que el espectador se encuentre en una sensación que haga honor al título de la película, lo consigue.

Las mil y una noches: Vol.3, El embelesado
«Las mil y una noches: Vol.3, El embelesado». Fuente: Golem

La historia de Sherezade concluye cuando se sube con su padre, el gran visir, a la noria. A partir de ahí empezará a narrar el embeleso de unos hombres hacia sus competiciones de pájaros en un barrio de chabolas de Lisboa. Ponen todo su esfuerzo y dedicación en cuidar de los pájaros. Irónicamente, las competiciones de su canto se realizan al lado de un aeropuerto.

Es cierto la segunda parte del filme se nota al final un pelín alargada, pero no llega en ningún momento a resultar un lastre para la película. Se agradecen los cambios con respecto a las anteriores historias. En esta, Sherezade no narra a través de la voz en off, sino que aparecen en pantalla textos escritos por ella. Un recurso nada convencional que corre el peligro de cansar, pero no considero que llegue a hacerlo.

Por otro lado, es imposible obviar la importancia que Gomes da a los animales en casi todas las historias que forman ‘Las mil y una noches‘. Hace una representación simbólica de cada uno de ellos, y que sin ninguna duda, requerirá de una revisión completa de la saga para descubrir más detalles en profundidad respecto a este tema. Si en las anteriores películas los protagonistas habían sido camellos, un pollo, una vaca representada de manera teatral y un perro; en esta ocasión son los pájaros los que están presentes en la mayoría del metraje.

El realizador portugués termina su monumental proyecto con un capítulo a la altura de los anteriores. ‘Las mil y una noches‘ forma parte de un todo que es difícil separar. Es posible que nos encontremos ante la parte menos redonda de las tres aunque cuente con algunos momentos verdaderamente excepcionales, pero el conjunto es irreprochable. Miguel Gomes se consolida como uno de los cineastas más interesantes a tener en cuenta, aportando al cine con estas películas una experiencia insólita y que merece ser vivida. Cada película suya debería ser una cita obligada para cualquier cinéfilo.

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