Crítica: Diez años y divorciada


Diez años y divorciada

Diez años y divorciada‘ es una película dirigida por Khadija Al-Salami, la primera mujer cineasta yemení. Basada en la autobiografía de Noyud Ali, niña yemení que consiguió el divorcio tras ser obligada a casarse con 10 años. La cinta ha sido Premio del Público al Mejor Largometraje en el Festival de Cine y Derechos Humanos del 2016.

La directora está especialmente comprometida con la causa contra los matrimonios prematuros. Ella misma fue obligada a casarse a los once años. Tras intentar suicidarse y con el apoyo de su madre logró divorciarse. Aunque fue repudiada por su familia, Khadija Al-Salami tuvo suerte de no morir, contar con el apoyo de su madre y conseguir el divorcio. Muchas otras niñas no lo consiguen y las estadísticas dicen que cada dos segundos una niña es obligada a casarse.

Escena de '10 años y divorciada'
Escena de ’10 años y divorciada’. Fuente: Splendor Films.

En Yemen no hay ningún requisito de edad para el matrimonio y tampoco existe una ley que lo prohiba. Pero no es el único país, en muchos otros lugares del mundo se escudan en costumbres ancestrales para conseguir niñas como esposas. Tradiciones bárbaras arraigadas gracias al analfabetismo y la débil posición de la mujer y que contradicen a la propia religión. Ninguna confesión religiosa promulga el matrimonio infantil, de hecho para la Sharia ‘no es decente’.

Diez años y divorciada‘ es desgarradora y consigue dar visibilidad a multitud de mujeres en estas circunstancias. Puestos a denunciar, la ficción en este caso me resulta más útil que un documental. Un largometraje de este tipo ya es difícil de distribuir, pero mucho más lo sería en otro formato. En este sentido nos acordamos de ‘Timbuktú‘ que lograba con éxito ficcionar la horrorosa realidad que viven ciudadanos de varios países de África y Oriente Medio por culpa del fanatismo religioso.

La cinta está técnicamente muy bien realizada. Es un éxito en sí misma por haber conseguido rodarse en Yemen dada la delicada situación del país. Cuenta además con una fotografía bellísima gracias a los maravillosos paisajes yemeníes y la increíble arquitectura urbana de Saná. Sin duda es un reflejo fiel de la vida en Yemen y de esta atroz costumbre. Únicamente podríamos reprocharle que cuenta con actores poco convincentes y que el desenlace, tal y como es contado, puede resultar algo irreal.

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