Elle‘ supone el regreso al cine de Paul Verhoeven después de 10 años alejado de la gran pantalla. Se trata de la primera película que rueda en Francia, adaptación de una novela del escritor francés Philippe Djian. Desde 2006 no veíamos nada de él. Fue ‘El libro negro’, un drama bélico ambientado en la Segunda Guerra Mundial, su última y también brillante incursión cinematográfica. El esperado regreso de Verhoeven viene ahora de la mano del thriller erótico al que tanto debe el cineasta holandés. No en vano, ‘Instinto básico‘ (1992) sigue siendo una de sus señas de identidad y uno de los grandes éxitos del cine de los noventa.

Desde la escena inicial, bañada de luz fría y sombras, se va insinuando la personalidad de un director como Verhoeven. Sin saberlo, somos sometidos a un juego perverso que no descubriremos hasta el final de la película. De repente tenemos ahí, delante de nosotros a una desafiante Isabelle Huppert capaz de demostrarnos todo lo contrario a lo que esperaríamos de una mujer tras ser violada en su propia casa por un intruso.

Una película como ‘Elle‘ llamaba a gritos a una actriz con tanto talento como Isabelle Huppert. Su sola presencia dota de autenticidad a la interpretación y la actitud de su personaje resulta totalmente convincente. A pesar de la violencia de los ataques, nunca vemos al personaje de Huppert abatido o emocionalmente herido.

Elle de Paul Verhoeven

Escena de “Elle” dirigida por Paul Verhoeven. Fuente: Avalon

Irreprochable como la película huye del melodrama en todo momento para situarnos fuera de los límites de lo convencional. Una trama que se centra en las interacciones sociales de todos los personajes más que en la historia del verdadero delito. También convicente lo díficil que resulta comprender al personaje de Michelle y la constante ambigüedad que hay en todo momento en la historia.

Técnicamente impecable. Un placer contemplar como la cámara abraza a los actores. Y como las escenas con cámara al hombro consiguen que entremos en el juego de la observación voyerista. La violencia, presente en todas las películas de Verhoeven, se deja entrever en la actitud de Michelle hacia su madre, su hijo y su novia. Expresa una gran animadversión hacia ellos y también hacia sus amigos.

Una película donde el espectador nunca se sentirá engañado. Inteligente, con exquisito humor negro y que capta lo que yace en la compleja personalidad de esta femme fatal que quiere vivir su sexualidad al margen de prejuicios. Gracias Paul Verhoeven por dejar todo a la imaginación del espectador y no anteponer tu propia interpretación. Hacía tiempo que no se veía una película que convirtiera la malicia y el deseo en un arma de reivindicación. Una alegoría donde el sexo comparte nuevamente cama con la muerte.