Bram Stoker publicó su Drácula en 1897, creando desde entonces un mito literario que llega hasta nuestros días, y una epidemia de vampirismo en el cine con cerca de 300 películas inspiradas en torno al famoso conde transilvano. Pero al referirnos a Drácula es inevitable hablar de la película pionera, aquella que dirigió en 1931 Tod Browning con Bela Lugosi. Esto se debe a tres motivos distintos:

El primero de ellos es que con este filme se inicia una etapa muy importante del cine de terror, la llamada “edad de oro” de los estudios Universal. Una época en que este género recibe un gran empuje por parte de esta productora que a lo largo de la década volverá a incidir una y otra vez sobre él.

El segundo es la forma como es presentado el tema de Drácula y el vampirismo, que creará una especie de arquetipo que será respetado durante mucho tiempo.

El tercero es el personaje de Drácula, salido de la imaginación de Bram Stoker, e interpretado por Bela Lugosi, el transilvano que lo convirtió con su interpretación en un mito de la historia del cine de terror contemporáneo. A pesar de que nos pueda resultar hoy en día muy afectada su interpretación, el actor húngaro fue el primer, auténtico y genuino conde Drácula.

Bela Lugosi como Drácula

Por otra parte, en el filme destaca la recreación fotográfica muy cuidada por parte de Karl Freund. Los ambientes adquieren una gran consideración en la primera parte de la película, viniendo a ser definidores de los personajes. A ello se le une la manera interpretativa en el papel del conde Drácula. Se ha puesto de relieve muchas veces la excesiva teatralidad que tiene el personaje, pero a ello se une el carácter físico que posee y que creará una manera de entenderlo a partir de este momento.

Por último, no puede olvidarse el peso censor sobre una película que podía ser problemática en muchos aspectos. El dominio narrativo va a hacer que momentos fundamentales se planteen a nivel de elipsis con lo cual se reforzará todo el halo de misterio y desconocimiento que rodea a lo vampírico.

La gran mayoría de actores posteriores del personaje (o de vampiros similares) han seguido la escuela de la actuación de Bela Lugosi. Pero como clásico, es un filme que hay que volver a visionar para comprobar como ha resistido al tiempo. A pesar de todo, siempre le quedará el mérito de haber sido la película fundacional de un género.