Harry Potter y el Cáliz de Fuego es una de las películas más espectaculares y emocionantes de toda la saga. Su enorme escala, y el regreso a la base establecida por Columbus la convierten en un filme trascendental en la franquicia.

Dirección inspirada y majestuosa

Mike Newell recoge el testigo de Alfonso Cuarón tras El Prisionero de Azkaban, y decide optar por un acercamiento que aúna los estilos de Columbus y el propio Cuarón pero consigue encontrar su propia voz en el proceso. La cinta del cineasta mexicano tenía un estilo más personal y visualmente diferenciado, mientras que Columbus apostaba por una actitud más reverencial a las novelas. Newell mantiene un apartado visual estilizado y elegante, pero decide devolver a la saga la calidez que poseían La Piedra Filosofal y La Cámara Secreta. Además, el director imprime un carácter británico a la escuela Hogwarts, y juega con el humor de una forma más relajada.

Newell era una elección extraña a primera vista, ya que gran parte de su filmografía está focalizada en las series de televisión y películas para dicho formato. Su salto a la fama se produjo con la maravillosa ‘Cuatro Bodas y un Funeral’, y logró cierto prestigio con ‘Donnie Brasco’. Pero El Cáliz de Fuego era su primer blockbuster, y en ningún momento lo noto encorsetado en un proyecto demasiado grande para su capacidad.

El director británico mueve la cámara con asiduidad para aportar agilidad a cada secuencia, pero siempre lo hace de forma elegante y escoge ángulos que marquen la escala de la escena a diferentes niveles. Los contrapicados de Hagrid y Madame Maxime, los planos aéreos del castillo y los picados en la escena del laberinto son algunos ejemplos de este uso.

Fragmentación episódica que potencia otras áreas

El Cáliz de Fuego destaca sobre el resto por una estructura episódica dentro de un marco global. Si bien los filmes anteriores tenían una trama principal apoyada por varias subtramas que reaparecían en distintos momentos, esta entrega posee una configuración más televisiva, ya que desarrolla acontecimientos distintivos pero siempre conectados al núcleo de la historia principal. El prólogo en los mundiales de Quidditch, la elección de los campeones del Torneo de los Tres Magos, la prueba del dragón, el baile de Navidad, la prueba del lago, la prueba del laberinto, el regreso de Lord Voldemort… Cada secuencia funciona como microhistoria con inicio, desarrollo y desenlace, pero nunca pierde de vista el sendero inicial.

Estas secciones diferenciadas permiten al director de fotografía, los diseñadores de producción y la música de Patrick Doyle mucho margen para probar distintas iluminaciones, texturas y temas que encajen con cada secuencia de forma unitaria. Hogwarts se siente más grande que nunca gracias a eventos que abarcan numerosos lugares del castillo y alrededores. Fotografía más cálida y limpia en interiores, más oscura y sucia en exteriores, pero siempre manteniendo unas tonalidades que recuerdan más a las cintas de Columbus que a la película de Cuarón (el azul y verde destacan sobre el resto).

Necesito dedicarle unas palabras a la extraordinaria composición de Patrick Doyle. Si bien las armonías de John Williams encajan a la perfección con las películas de la saga, no suelen cobrar protagonismo real o destacan junto a la escena en cuestión. Williams siempre intentó ser un complemento sutil a las imágenes de la franquicia, y nunca buscó implementar la intensidad de una secuencia como sí suele hacer Hans Zimmer. Doyle también lo hace en El Cáliz de Fuego y funciona de forma espléndida. Sus composiciones son muy diferentes entre sí, ya que no busca unidad marcada en su banda sonora, sino regalar a cada escena una pieza que eleve el material que vemos en pantalla. Y para un filme donde la épica y el drama están tan presentes, creo que es una decisión acertadísima.

Intensidad y madurez interpretativa

Cada filme de la saga es más sombrío que el anterior, y esta cinta sigue esa transición gradual de forma sobresaliente. El humor sigue presente, y por primera vez observamos cómo la revolución de las hormonas adolescentes afecta a los protagonistas. Pero los personajes se enfrentan a situaciones donde su madurez se ve puesta a prueba, y el trío protagonista triunfa con mucha solvencia. Daniel Radcliffe y Rupert Grint están más liberados que nunca, y su química nunca ha sido mejor. Pero Emma Watson demuestra el talento que posee con varias escenas donde brilla como una experimentada actriz adulta (véase el baile de Navidad).

Uno de los pocos problemas que le encuentro a esta película es el exceso de intensidad en momentos puntuales. Dumbledore está excesivo y a ratos parece un personaje totalmente distinto a lo visto en las dos primeras entregas. Grita más que nunca, se mueve con agilidad y “violencia”, y no posee esa calma y seguridad que sí exhibe en el resto de películas.

Los dos grandes fichajes de este filme son, sin lugar a dudas, Brendan Gleeson y Ralph Fiennes. Gleeson tiene una presencia brutal como Alastor “Ojoloco” Moody, ex-auror del Ministerio de Magia y nuevo profesor en la escuela. El actor irlandés entiende perfectamente lo que necesita el personaje, y se entrega por completo. Intensidad, calma tensa, y cabreos que explotan sin previo aviso hacen de Ojoloco Moody una de las mejores adiciones de toda la franquicia en materia de personajes.

Por otro lado, Fiennes tenía la gigantesca responsabilidad de interpretar al villano absoluto de la saga, a uno de los personajes más icónicos de la literatura juvenil: Lord Voldemort. Y se entrega a la causa con presencia y elegancia. Comparte esas explosiones de furia con Moody, pero se siente igualmente intimidante cuando susurra advertencias y amenazas. Su rostro provoca temor, pero sus ojos y lenguaje corporal elevan ese miedo gracias a la excelente interpretación de Fiennes.

Harry Potter y el Cáliz de Fuego es una cinta épica en escala, emocionante en su ejecución, y audiovisualmente magnífica. Repleta de grandes momentos, nuevos sentimientos y tragedias personales que le añaden un peso dramático por encima del resto. Muchos la olvidan o infravaloran. En mi caso, se trata de una de mis películas favoritas de la saga.