El director y guionista japonés Hirokazu Koreeda regresa con ‘Después de la tormenta’, una poderosa historia en torno a los lazos familiares basada en sus recuerdos y experiencias personales. Con escenas muy bellas y a la vez tristes retrata a personajes abrumados por una realidad sin esperanza e  incapaces de deshacerse de sus sueños, pero que tampoco se rinden e intentan disfrutar de la vida.

Recurriendo a un tifón como excusa argumental obliga a dos generaciones distintas de personajes a pasar una noche familiar en casa de la abuela dándoles la oportunidad de reencontrarse. La fugaz felicidad de ese momento protector desemboca en un vacío, pues ese instante nos remite al pasado irrecuperable que los personajes añoran.

El filme cuenta con unos diálogos intensos y a la vez ingeniosos e inteligentemente equilibrados, que no decaen nunca en el temido melodrama, muy habitual en los conflictos familiares. Ante nuestros ojos se va desvelando una extraordinaria dirección de actores y un gran talento interpretativo. Koreeda vuelve a contar con Kilin Kiki para el papel de madre. Una actriz indispensable para el cineasta nipón ya que ha trabajado en todas sus películas desde ‘Kiseki (Milagro)’ en 2011. Hiroshi Abe, reconocido como uno de los mejores actores de sus país, es también determinante en su papel de hijo, padre y esposo desencantado.

Kirin Kiki en Después de la tormenta

Hiroshi Abe y Kirin Kiki en «Después de la tormenta». Fuente: Golem

Todo el ambiente que rodea a los personajes está impregnado de una cierta melancolía que acentúa si cabe la tristeza de unos personajes que aún intentan convertirse en lo que desean ser. El director japonés es un genio para describir estados de ánimo con la cámara. La historia sigue a los personajes en sus quehaceres diarios acompañada de una extraordinaria banda sonora compuesta por Hanaregumi.

Como convierte Koreeda la cotidianidad en arte es algo inefable asociado al mismo proceso creativo. Una película absolutamente maravillosa. ‘Después de la tormenta‘ desprende una humanidad y sensibilidad que convierte a su director en un referente para hacer de la intimidad familiar algo que traspase la pantalla. También nos recuerda que no todo el mundo puede convertirse en lo que desea ser. Pues Hirokazu Koreeda lo ha conseguido y con creces.