Me enfrento a esta reseña con cierta inseguridad. Principalmente porque ‘Animales nocturnos’ es un filme con numerosas alegorías y metáforas que en un primer visionado quizás no es fácil asimilar. No obstante, intentaré exponeros por qué lo nuevo de Tom Ford me parece una de las mejores películas del año. No es fácil hablar sobre esta cinta sin entrar en spoilers y revelaciones, así que intentaré ser los más sutil posible.

‘Animales Nocturnos’ tiene dos secciones bien diferenciadas. Por un lado, la trama protagonizada por Amy Adams. Por otro, la sección liderada por Jake Gyllenhaal. Ambas historias, aparentemente independientes a nivel temporal, se retroalimentan a lo largo del filme y profundizan en la psicología de los protagonistas utilizando una narrativa fragmentada.

Susan

Amy Adams interpreta a Susan, exitosa en apariencia y propietaria de una galería de arte. Vive en una preciosa casa de cristal donde parece observar el mundo que la rodea desde una distancia prudencial. Susan es una persona con un alto nivel de autocrítica, y a pesar de gozar de prestigio y popularidad, su falta de confianza y sus remordimientos se han convertido en una tara casi insalvable.

Susan parece sentirse alienada de un mundo que ella eligió de forma inercial e inconsciente, pero en el que no parece encajar. Somos la suma de nuestras decisiones y experiencias, y Susan ha acabado en una situación privilegiada a nivel económico y social, pero desprovista de una pasión que anhela.

La interpretación de Amy Adams es impresionante a varios niveles. Adams construye un personaje con múltiples capas, y una evolución marcada por una personalidad que bebe de vivencias pasadas e influencias externas. Entendemos en todo momento la actitud de Susan, aunque estemos más o menos de acuerdo, y me parece vital que sea un reflejo coherente de lo vivido para edificar un personaje tridimensional.

Amy Adams tiene una virtud muy especial. Es una actriz tremendamente expresiva a nivel emocional, y su sensibilidad a la hora de acercarse a sus personajes le permite aportar matices en los que su mirada juega un papel crucial. En algunas secuencias, Adams necesita sacar a relucir su lado más agrio y frío, y lo consigue con una facilidad pasmosa. Pero cuando Susan queda desarmada por un suceso o un recuerdo, notamos dicha reacción en cada gesto, en cada plano donde su rostro es protagonista. La cinta requiere de dos interpretaciones que aporten tonalidades distintas pero complementarias, y considero que tanto Adams como Gyllenhaal superan la prueba de manera extraordinaria.

Tony

Jake Gyllenhaal tiene un papel de enorme riqueza, ya que la historia le permite aportar diferentes texturas interpretativas dependiendo de la escena en la que se encuentre. Su personaje vive un viaje emocional muy particular, y el actor nos regala ramificaciones que alzan el material hasta niveles espectaculares.

Su interpretación es alegórica ya que su personaje tiene ecos de su pasado en el presente, y recrea sentimientos a través de la literatura utilizando recursos estilísticos que reflejan sensaciones concretas. El párrafo puede sentirse algo confuso, pero cuando veáis el filme entenderéis a lo que me refiero.

Gyllenhaal ha demostrado su versatilidad a lo largo de 15 años, construyendo personajes extremos como Lou Bloom en ‘Nightcrawler‘, intensos y emocionales como Jack Twist en ‘Brokeback Mountain’, o simplemente introspectivos como Adam en ‘Enemy’. En ‘Animales Nocturnos’, Jake Gyllenhaal es capaz de crear un personaje que posee todas esas características, y las usa en el momento adecuado y sin caer en histrionismos. Su intensidad traspasa la pantalla, y honestamente considero que Gyllenhaal da un último salto de calidad para alcanzar el olimpo interpretativo y convertirse en uno de los mejores actores de su generación y de los más interesantes de la última década.

Jake Gyllenhaal en Animales nocturnos

Jake Gyllenhaal en “Animales nocturnos”. Fuente: Universal

Tom

La película está escrita y dirigida por Tom Ford, en la que es su segundo filme como director tras la notable ‘A Single Man‘. Ford se basa en la novela ‘Tony and Susan’ (Austin Wright, 1993) para cimentar un relato con numerosas partes móviles que funcionan como piezas de un puzzle.

La película tiene dos tramas lideradas por dos personajes distintos, pero hay una tercera sección donde ambos son protagonistas, y funciona como hilo conector de ambas historias “independientes”. Ford usa todos los recursos audiovisuales que tiene a su alcance y todos tienen un propósito específico que enriquecen la historia. El filme es un ejercicio de estilo, y su ejecución es coherente con el material de partida y la intención del cineasta.

Tom Ford tiene mucha confianza en el poder de las imágenes, y la fuerza de dichas imágenes está apoyada por un uso del sonido que funciona como transición entre escenas y como una llamada al recuerdo. Me parece un recurso muy elegante superponer el sonido de una escena anterior en la escena posterior, ya que las conecta de una manera más directa y la transición se siente más sutil que en decisiones más convencionales. Además, uno de los problemas que puede provocar un montaje de estas características es la falta de equilibrio entre las distintas historias y la sensación de que una está devorando a la otra. Pero cada secuencia está medida al milímetro y se les da el tiempo justo y necesario para que las ideas aterricen en la mente del espectador, y nunca sienta brusquedad en los saltos geográficos y temporales.

El uso del color me parece una de las señas de identidad de Tom Ford, y lo vuelve a demostrar en esta película. El uso del rojo está presente en toda la cinta, desde cortinas y paredes hasta sillones y pintalabios que enfatizan el amor, la pasión y la violencia. El rojo me parece una forma de mostrar en el personaje de Susan una pasión latente pero escondida bajo capas de preconcepciones, de ideas erróneas y decisiones desacertadas. Los tonos rojizos aportan una sensación de fuego interior, de calidez que se siente muy cercana, así que me parece muy interesante que sea utilizado alrededor de nuestros protagonistas, y de aquellas personas que ellos consideran importantes en su vida. Y si esas tonalidades son complementadas por la majestuosa iluminación de Seamus McGarvey, el acabado visual no puede ser mejor.

La banda sonora de Abel Korzeniowski es un catalizador de las emociones que pueblan la historia. La elegancia del filme a nivel visual debe ser apoyada por una composición que acentúe su temática, y creo que el compositor polaco triunfa con unos temas donde los instrumentos de cuerda destacan sobre el resto. Los violines y violonchelos son instrumentos muy versátiles, ya que pueden evocar la emoción y el romance pero también el drama y la oscuridad con una fuerza casi inigualable.

Sería injusto por mi parte finalizar esta reseña sin destacar los excelentes trabajos de dos intérpretes muy distintos. Por un lado, el magnífico Michael Shannon, un robaescenas acostumbrado a brillar en todos sus papeles, independientemente de su importancia en la trama. Por otro, Aaron Taylor-Johnson, un joven actor que no ha podido demostrar demasiado rango interpretativo en trabajos anteriores, pero que se siente muy a gusto con un personaje extremo y con una actitud de superioridad perpetua donde la moralidad es un elemento desechable. Ambos actores redondean el trabajo de Gyllenhaal aportando heterogeneidad.

Animales Nocturnos‘ es uno de los visionados más poderosos que he experimentado en una sala de cine. Su elegancia no le impide ser sucia y cruel, y su temática es potenciada por el uso de metáforas, flashbacks y narrativa visual hasta refinar el producto final de manera extraordinaria. Abandoné  el cine en shock, y desde entonces no he parado de pensar en ella. Este filme va a convivir conmigo durante mucho tiempo.