‘Rogue One: Una Historia de Star Wars’ es una película marcada por su planteamiento inicial. Al tratarse de una precuela que enlaza directamente con Una Nueva Esperanza, muchos escépticos tildaban al filme de Gareth Edwards de producto sacacuartos totalmente innecesario. Mi opinión: Rogue One es necesaria porque engrandece la cinta a la que precede y enriquece el universo al que pertenece.

Es curioso. Muchos (y me incluyo) solemos criticar las secuelas, precuelas y adaptaciones de toda clase como meros proyectos con un simple propósito: generar beneficios. Y a veces pecamos de cinismo y no intentamos contextualizar. Por pura coherencia a nivel económico y empresarial, todo estudio/productora desea recuperar el dinero invertido. No podemos criticarles por ello, ya que nosotros querríamos lo mismo si estuviéramos en su situación. El matiz que diferencia la avaricia y megalomanía más burda del equilibrio entre beneficios y respeto por la audiencia me parece crucial. Existen numerosos filmes estrenados con un solo propósito: exprimir el producto hasta convertirlo en una maquinaria sin alma ni aspiraciones artísticas. Sin embargo, hay ocasiones en las que este tipo de productos quieren conseguir algo más que dinero: desean expandir conceptos, profundizar en su universo, potenciar sus posibilidades.

Me ha parecido pertinente comenzar la reseña de esta forma ya que, bajo mi punto de vista, Rogue One encaja en el segundo grupo de películas. La cinta de Gareth Edwards me parece una adición admirable al universo Star Wars porque incrementa la urgencia dramática del siguiente filme (cronológicamente hablando), explica y resuelve con inteligencia uno de los defectos más comentados de dicha película y funciona de forma espléndida como precuela e historia independiente.

Obstáculos en el camino 

Rogue One no está exenta de problemas, y me gustaría adentrarme en ellos ahora mismo ya que sus carencias nunca empobrecen el resultado final hasta comprometer la película. En primer lugar, creo que tras un inicio más que correcto, Rogue One introduce a sus personajes de forma torpe y precipitada. Los saltos son constantes y no tenemos tiempo de asimilar suficiente información para empatizar con ellos. Tiene un montaje algo atropellado y considero que esta breve sección de película podría haberse resuelto con mayor fluidez.

A partir de ese momento, la historia se construye con una estructura más definida y discurre de forma notable. No obstante, la historia no profundiza lo suficiente en sus personajes. Al tratarse de un reparto coral en muchos fragmentos del filme, creo que dichos personajes requerían de un trasfondo mejor plasmado. Desgraciadamente, sólo muestran pinceladas superficiales para presentarlos y el resto de su cometido se limita a su carisma e interacciones. No es un detalle que dañe a la cinta de forma pronunciada, pero sí habría conseguido mayor calado emocional de cara al clímax de la historia.

Otros problemas menores que le encuentro a Rogue One son de carácter rítmico y sonoro. El tempo de la película va por ráfagas, y en sus dos primeros actos asistimos a una mezcla de secciones ágiles y cohesivas con momentos menos potentes que provocan una pérdida de fuerza a nivel global. Afortunadamente sólo ocurre en momentos puntuales y nunca me aburrí o sentí desconexión con la historia.

Hablemos de la banda sonora. Michael Giacchino sustituyó a última hora a Alexandre Desplat y sólo tuvo cuatro semanas para terminar la composición del filme. Por este motivo no puedo culparle en demasía del resultado final, ya que la responsabilidad recae en el estudio y el margen exiguo que proporcionaron a Giacchino para componer un aspecto fundamental de este universo. La música no me parece mala o decepcionante. Hay temas muy buenos y la mayoría se escuchan en el tercer acto de la cinta. No obstante, ciertas piezas musicales de los dos primeros actos se sienten algo anárquicas y no empastan del todo bien con el tono de la película y/o escena en cuestión. De todas formas lo considero un mal menor, ya que la banda sonora de ‘El Despertar de la Fuerza‘ me pareció decepcionante y la película de J.J. Abrams apenas sufrió por ese aspecto.

Rogue One: Una historia de Star Wars

Felicity Jones en “Rogue One: Una historia de Star Wars”. Fuente: Walt Disney

La variedad del talento

Rogue One posee uno de los repartos más variados y completos de cualquier blockbuster reciente. Disney vuelve a apostar por una protagonista femenina (al igual que hiciera con Daisy Ridley en ‘El Despertar de la Fuerza’), y la ha rodeado de un espléndido plantel de secundarios. Felicity Jones realiza una notable interpretación como Jyn Erso, y supone una digna adición al universo de Star Wars. Jones construye un personaje fuerte y distante, pero en su interior se esconde una determinación absoluta y una emoción contenida. La actriz británica sabe balancearse perfectamente entre ambas actitudes, y una de las escenas más poderosas a nivel emocional la lidera Jones de forma excepcional.

El reparto de secundarios realiza una labor fantástica a pesar de carecer de la tridimensionalidad que sí tiene Jyn Erso. Quiero destacar especialmente a Diego Luna y Alan Tudyk por sus geniales Cassian Andor y K-2SO. Luna posee una presencia admirable como un rebelde que apoya la causa hasta las últimas consecuencias. Su compañero de fatigas es K-2SO, un robot irónico pero fiel que complementa perfectamente al personaje de Luna. Sus interacciones son estupendas y agradecidas, ya que gran parte del alivio cómico de la cinta procede del citado robot.

Ben Mendelsohn, Donnie Yen, Riz Ahmed y Wen Jiang cumplen con su cometido con mucho oficio y dan exactamente lo que necesitan sus personajes. Y Mads Mikkelsen siempre es una adición agradecida, ya que su carisma e intensidad en pantalla alzan cada escena en la que aparece. Con Forest Whitaker tengo un problema. Creo que su acercamiento no es del todo acertado (y esta es una opinión muy personal). El tono que escoge para verbalizar sus líneas de diálogo me resulta algo irritante, ya que la fuerza que teóricamente posee el personaje queda desvirtuada por una voz quebrada y unos tics que acentúan su interpretación hacia el lado incorrecto. Su número de escenas no es enorme, así que es un mal menor, pero reconozco que su personaje no me convenció.

El tercer acto

Mucho se ha hablado del papel que ha jugado Tony Gilroy en las regrabaciones de Rogue One. Por lo que he leído, dichas regrabaciones se hicieron para modificar el último tercio del filme, principalmente. El final original y el visto en cines son bastante distintos, así que era normal sentir cierto escepticismo respecto al resultado del mismo.

No tengo miedo de afirmar que Rogue One posee el mejor tercer acto de cualquier blockbuster estrenado en 2016. Todas las subtramas edificadas en la primera mitad del filme, así como los niveles por los que transcurre la acción se fusionan en un último tercio que destaca por numerosos motivos. En primer lugar, los objetivos de cada personaje quedan establecidos desde el primer momento. Sabemos qué necesitan hacer y cuál es su importancia para que el plan funcione, así que suponen un añadido de tensión ya que este castillo de naipes puede venirse abajo si uno de ellos falla.

Edwards realiza una trabajo encomiable de geografía, y divide el clímax de la cinta en tres niveles: tierra, aire y espacio. Las secuencias de acción se retroalimentan porque son ramificaciones que enlazan con un mismo núcleo, por lo que cada escenario es una pieza vital del plan, y todas deben funcionar al unísono.

El montaje me parece un elemento esencial en este acto, ya que aúna tres líneas de acción de forma brillante, aportando a cada escena el tiempo necesario para que el in crescendo general funcione. En todo momento sentimos que la acción transcurre al mismo tiempo, y muchas escenas se interconectan a través de elementos específicos que ayudan a establecer en qué punto se encuentra el objetivo. Un montaje mediocre habría provocado una implosión en el desenlace de la película ya que cada escena debe servir dos propósitos: informarnos en qué momento del plan se encuentran, y cuánto han avanzado desde la transición anterior. Rogue One consigue crear una geografía clara y una urgencia dramática a partir de misiones secundarias que nutren al plan principal.

A nivel técnico, la película disfruta de un acabado audiovisual espectacular, algo que se suele dar por sentado en este tipo de producciones. La pirotecnia del último acto ya vale el precio de la entrada, pero la cinta es consistente en ese apartado en todo momento. Quizás matizaría que la dirección de Edwards es algo desigual dependiendo del tipo de escena. Edwards intenta mantener la cámara pegada a los personajes, y el uso de la cámara en mano en ocasiones supone más un problema que una solución. Algo parecido le ocurrió a Justin Lin en Star Trek: Beyond. Creo que abrir el plano más a menudo ayuda al espectador a localizar los personajes y crearse una imagen mental más completa del escenario. Por cierto, la película contiene muchas secuencias de noche, y alguna de ellas abusa de una fotografía de poco contraste que vuelve la escena más caótica ya que no aprecias los detalles con la misma nitidez que en las escenas de día. Una fotografía con mayor contraste o simplemente mejor iluminada en secuencias específicas habría ayudado a orientar al espectador de mejor forma.

En resumen, Rogue One es uno de los mejores blockbusters del año a pesar de sus  defectos. Una película que sabe implementar sus fortalezas y minimizar sus errores, consiguiendo un equilibrio notable. Su tercio final será recordado como uno de los mejores desenlaces de cualquier superproducción reciente, y varias decisiones narrativas a lo largo del filme no sólo funcionan como virtudes del propio filme, sino como mejoras del filme posterior. Pocas precuelas pueden regocijarse en ese hecho.

rodaje de Rogue One: Una historia de Star Wars

Rodaje de “Rogue One: Una historia de Star Wars”. Fuente: Walt Disney

Atención spoilers (sólo leer tras haber visto Rogue One)

He sentido la necesidad de dedicar unas palabras a ciertos elementos de Rogue One que me parecieron muy interesantes y/o destacables, pero que entrarían en la definición de ‘spoiler’. Me preocupa mucho leer spoilers o revelaciones antes de ver una película porque no quiero estropear el visionado de la misma. Por ese mismo motivo evito escribir sobre ciertas cosas porque deseo que vuestros visionados estén libres de información excesiva. Por eso voy a comentar dichos spoilers en esta sección final con total libertad, sabiendo que os he avisado de antemano, y que la decisión de seguir leyendo estas líneas recae en vosotros. Vamos al lío.

Rogue One había creado mucha expectación porque suponía la vuelta de Darth Vader a la gran pantalla. Nadie sabía exactamente cuántas escenas tendría en el filme, y muchos quedaron decepcionados al comprobar que sólo aparece en dos secuencias. Este hecho no me ha molestado en absoluto, ya que Vader está presente sólo cuando tiene que aparecer, y esta forma de administrar la participación del personaje crea un aura especial cada vez que le vemos en pantalla.

La primera secuencia se inicia con un Darth Vader introducido en un contenedor cilíndrico de agua (o eso parece). Observamos la fragilidad de un villano amenazador, las consecuencias de su lucha contra Obi-Wan Kenobi, y me parece una imagen poderosísima a nivel visual. Inmediatamente después, vemos cómo Vader aparece con su vestimenta habitual, y su presencia es más intensa que nunca. Su diálogo con Krennic (Ben Mendelsohn) nos muestra a un Vader sereno pero decidido. Krennic intenta demostrar una falsa valentía que nunca terminamos de creer, porque en el fondo siente miedo. Y cuando saca orgullo hacia el final de la conversación, comienza a ahogarse, Vader se gira, y le dice: “Be careful not to choke on your aspirations, Director.” Traducción: “No se ahogue en sus aspiraciones, Director”. Me parece tan sencillo como brillante.

La segunda y última secuencia protagonizada por Darth Vader me parece una de las mejores escenas de toda la saga, y no me tiembla el pulso al afirmarlo. En este momento, Rogue One se convierte en una cinta de terror, y nos muestra al Vader más sobrecogedor que hemos visto nunca. Sabe que los planos de la Estrella de la Muerte no deben abandonar la nave, así que cruza los pasillos asesinando a aliados rebeldes sin dudar un instante. Por momentos parece una escena sacada de Alien. Vader en su máxima expresión, imparable y aterrador.

Otro aspecto que quiero destacar es la reinvención de la destrucción de la Estrella de la Muerte. Una de las críticas más populares de ‘Una Nueva Esperanza’ es la “facilidad” con la que los rebeldes consiguen destruir el arma del Imperio. El simple hecho de disparar en una de las aberturas de la Estrella de la Muerte y conseguir hacerla explotar en mil pedazos siempre se vio como una resolución torpe o facilona, pero Rogue One subsana ese problema otorgándole una explicación brillante. Galen Erso (Mads Mikkelsen) fue uno de los encargados de construir la Estrella de la Muerte, pero al ser forzado a trabajar con el Imperio contra su voluntad, decidió añadirle un punto débil para su futura destrucción. Con esta decisión, no sólo le aporta matices al personaje de Mikkelsen, sino que arregla un problema de la cinta original y la mejora. Me parece simplemente perfecto.

Por último, veo importante comentar el uso del CGI para revivir/rejuvenecer a dos personajes de la saga: Tarkin y Leia. Peter Cushing murió en 1994, y fue un personaje importante en la trilogía original. Turkin era una de las cabezas visibles del Imperio, y su control sobre muchas de las decisiones que debían tomarse en ese contexto temporal le hacía casi indispensable para Rogue One. Ignorar el personaje por completo implicaría problemas de coherencia en la película, así que su presencia creo que está justificada. Quizás se podría discutir el número de secuencias en las que aparece (más de lo que uno podría esperar). Al fin y al cabo, estamos hablando de resucitar el personaje de un actor que falleció hace 22 años. No voy a valorar en profundidad las posibles implicaciones éticas de dicha decisión. Sólo diré que me pareció pertinente para la historia, y que su personaje es tratado con mucho respeto y cariño, aunque podría haber aparecido menos y conseguirían un impacto similar. Pero a mí personalmente no me pareció una falta de respeto a la memoria de Peter Cushing.

El caso de Leia es menos relevante. Carrie Fisher sigue viva y tiene importancia en la nueva trilogía de películas, pero obviamente era necesario utilizar CGI para mostrar a una joven Leia. Sólo tiene un plano breve, y creo que el resultado es satisfactorio. El Valle Inquietante siempre está presente, y notamos el CGI tanto en Tarkin como en Leia, pero al tratarse de dos personajes integrales en la historia que nos cuentan, creo que el caso de Leia es una simple anécdota. Y una excelente forma de cerrar la película.