Crítica: Toni Erdmann


Toni Erdmann dirigida por Maren Ade

Toni Erdmann‘ es uno de los grandes éxitos del cine europeo de este año 2016. Una alegría para los espectadores escrita y dirigida por la alemana Maren Ade. Un largometraje que explora de una forma inusual las relaciones parterno filiales y el mundo de las relaciones laborales.

Una comedia dramática pausada, de casi tres horas de metraje, donde nada sobra porque cada escena es con acierto diseñada en pos de la historia que se trata de contar. Y que además cuenta con escenas cómicas de gran valor por ser ingeniosamente inteligentes e inesperadas.

Un alejamiento manifiesto

Los protagonistas de la cinta, Winfried (Peter Simonischek) e Inés (Sandra Hüller), padre e hija, están muy alejados no sólo físicamente. Inés es una alta ejecutiva expatriada en Bucarest mientras su padre vive en Karlsruhe ganándose la vida como profesor de música próximo a la jubilación. Pese a sus lazos de sangre son personajes totalmente antagónicos: la seriedad, contención y ambición de Inés frente al humor, desvergüenza y relajo de su padre.

Durante el inicio de la película Maren Ade presenta a los protagonistas jugando hábilmente con el espectador. Aunque rápidamente nos muestra la distancia manifiesta entre padre e hija, no así los motivos. Esa frialdad afectiva puede interpretarse como el resultado de una paternidad irresponsable, algún problema mental paterno o incluso algún escabroso asunto familiar sin resolver derivado del divorcio conyugal.

Pronto la directora nos muestra a una fría Inés embuchada en un traje de chaqueta, constantemente atenta a su móvil y enfocada únicamente a su trabajo. Una persona incapaz de dedicar ni un minuto de su tiempo a un sincero gesto de cariño a su familia. Su poca vida personal se circunscribe únicamente a su entorno laboral. No hay sitio en su vida para su familia. Vive atrapada en su, mal entendida, profesionalidad, cuyo necesaria compostura y perfección parece haberle provocado un aislamiento emocional infranqueable.

Toni Erdmann de Maren Ade
Escena de «Toni Erdmann» dirigida por Maren Ade. Fuente: Golem

La estrategia del deshielo

Winfried empieza a ser consciente del estado de su hija en uno de sus escasas visitas a Alemania. Corrobora la gravedad de la situación viajando, por sorpresa, a Bucarest para pasar unos días con ella. Un padre no convencional que hace del humor su filosofía de vida es lo menos compatible con el actual estado de Inés. Y como dentro de su vida solo hay espacio para sus objetivos de trabajo, la visita de su padre es un fiasco. Esta incómoda situación no rompe apenas la coraza de Inés, un simple rasguño en forma de lágrimas.

Winfried pone en duda que su hija sea feliz, pero ¿de qué manera hacérselo ver?. Trata de desactivar el estado de su hija introduciéndose en su vida a través un personaje inventado: Toni Erdmann. Un individuo cómico que provoca situaciones esperpénticas e hilarantes que provocan la extrema incomodidad de su hija al tiempo que produce incredulidad en su círculo por su carisma. Una figura que ayuda a Inés a meditar sobre su rígida y asfixiante realidad y le ayude a relativizar.

Y este hecho es uno de los principales aciertos de la Maren Ade guionista, la ingeniosa construcción de un personaje doble. Un personaje que en forma de otro que irrumpe en la película para liderarla y hacerla única. La pregunta aquí es si es necesario que un padre se transforme para ser escuchado por su hija. Vuelve la duda sobre la autoridad del padre. Parece que para romper el ensimismamiento de Inés se necesitaba una figura externa con esa potestad. Aun así Inés en ocasiones se rebela, entra al juego iniciado por Toni Erdmann e incluso le vence mostrándole su peor cara.

El despiadado mundo ejecutivo

Maren Ade se esfuerza en darnos más detalles sobre la situación de Inés quizás a modo de justificación. Una ejecutiva alemana destinada en Rumanía en un ambiente de trabajo muy demandante. Dentro de la ingrata espiral de agradar al cliente como proveedor de servicios y contentar a los superiores internos como empleada de una firma. Una tarea doble donde poca conciliación cabe, el éxito del proyecto es la única prioridad. Un fiel reflejo de la situación de muchos jefes de proyecto desbordados por unas exigencias inabarcables, más allá de su ambición.

Un ejecutivo mujer en un país, Rumanía, donde en los negocios aún la mayoría son hombres. Unas relaciones laborales con toques machistas donde se entiende que como mujer tienes que sacar de compras a la esposa de tu cliente o incluso pueden utilizar tus encantos femeninos para salvar algún escollo. Una empleada que además cuenta además con una tarea peliaguda: determinar el nivel de externalización de una empresa. Acción de cuya reacción final dependerá el número de despidos de empleados locales.

Toni Erdmann‘ habla también de la Europa de las dos velocidades, Alemania frente a Rumanía. De cómo existen europeos que viven una realidad muy diferente a la de sus vecinos dentro de la Unión. También de cómo las empresas de países más desarrollados y su ejecutivos miran por encima del hombro a las corporaciones en países en desarrollo. Todo ello con el valor añadido de verlo todo desde un punto de vista femenino.

Un reconocimiento asegurado

Por mucho que cueste creerlo, ‘Toni Erdmann’ es una comedia alemana realmente graciosa. Con escenas ingeniosamente creadas para desatar la sonrisa del espectador desde un humor inteligente. Una auténtica ‘rara avis’ del cine contemporáneo que combina a la perfección extravagancia y ternura.

Esta inesperada alegría cinematográfica ya ha sido la clara vencedora de los premios del cine europeo. También ha sido nominada a mejor película de habla no inglesa en los Globos de Oro y muy probablemente consiga ser la mejor película extranjera en los Oscars 2017. Larga vida a ‘Toni Erdmann’.

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