Moonlight‘ es el segundo largometraje de Barry Jenkins, tras haber ganado el Globo de Oro al mejor drama y haber conquistado a gran parte de la crítica internacional, consiguió ocho nominaciones a los Oscar, y es una de las películas mejor posicionadas para triunfar en la prestigiosa gala hollywoodiense. Se trata de una película independiente que explora la vida en una comunidad afroamericana de Miami desde el punto de vista del joven Chiron durante tres periodos importantes de su vida: la infancia, la adolescencia y finalmente, la juventud/madurez. La película se divide en tres partes, cada una correspondiente a la época en la que se encuentra el personaje, y llamadas con los diferentes nombres por los que le reconocerán (Little, Chiron, Black).

Desde el principio, ‘Moonlight’ se plantea como un ejercicio de cine diferente, y trata a toda costa de evitar ciertos lugares comunes propensos del cine independiente estadounidense. La estructura tripartita de la película es una buena muestra de ello, y aunque no siempre consiga esquivar según qué tópicos, sale airosa en la mayoría de ocasiones.

Jenkins muestra una sensibilidad poco común para definir una masculinidad alejada de estereotipos absurdos. La película es un profundo estudio sobre un personaje, y lo realmente admirable del retrato que plantea su director, es que nunca consigue alejarnos de él. La cámara, aun con sus movimientos erráticos y a veces poco justificados, capta la esencia de Chiron a la perfección, y su evolución a lo largo de los años. Encontramos en ‘Moonlight’ algunas secuencias poderosas, que matizan con gran habilidad algunos de los más complejos y cruciales momentos de la vida de nuestro (anti)héroe. El filme consigue alejarse de forma total de la clásica historia de autodescubrimiento o de despertar sexual, presentando momentos de maravillosa sutileza narrativa.

Moonlight dirigida por Barry Jenkins

Escena de “Moonlight” dirigida por Barry Jenkins. Fuente: Diamond Films

El uso de las elipsis, sin duda, uno de los grandes retos de la película, está resuelto de manera admirable. Lo que hace grande a ‘Moonlight’ son unos diálogos que con tan solo una palabra o una pequeña frase, son capaces de contextualizar perfectamente los tiempos que han sido omitidos en pantalla. Y en ningún momento da la sensación de que estemos ante personajes diferentes. Esa unidad perfecta entre los tres actores que interpretan a Chiron (todos espléndidos en sus respectivos papeles), elabora una propuesta más arriesgada de lo que en un principio puede parecer.

Jenkins se rodea de un reparto perfecto, en el que cada miembro brilla con luz propia. Mahershala Ali, nominado y favorito al Oscar a mejor actor secundario, ofrece uno de esos papeles contenidos, que parecen sencillos y no lo son en absoluto. Su presencia, aunque breve, es crucial en la película, construyendo un personaje memorable. Naomie Harris protagoniza los momentos más viscerales de la película y también realiza una interpretación potente.

Si durante las dos primeras partes, a pesar de ser siempre una experiencia gozosa, la dirección de Jenkins podía pecar de ser algo errante, en la última no hay atisbo de esos defectos. ‘Moonlight’ cierra con un acto emocionante, profundo y sutil, consiguiendo –ahora sí- esquivar todos los tópicos que puedan tener gran parte de las películas de temática LGTB, logrando un discurso único, relevante y prodigioso.