Asghar Farhadi, con el talento al que nos tiene bien acostumbrados, vuelve a diseccionar con maestría la complejidad de las relaciones humanas en ‘El viajante‘, el regreso cinematográfico a su Irán natal después de haber rodado en Francia ‘El pasado’. Su séptima película narra la historia de Emad y Rana, una joven pareja que deciden mudarse de casa en Teherán y que de pronto se verán inmersos en una situación que revelará aspectos inesperados de la personalidad de ambos.

El título original de la película hace referencia a la obra de teatro de Arthur Miller. De hecho, en el filme vemos a la pareja de protagonistas interpretando la obra como actores de teatro aficionados. No es casual que Farhadi recurra al dramaturgo estadounidense, ya que siendo estudiante le marco profundamente “Muerte de un viajante“. El drama de Miller le permite al cineasta iraní establecer un paralelismo con la vida personal de la pareja. En el escenario, Emad y Rana hacen los papeles del viajante y de su mujer. En la vida real, sin saberlo, se encontrarán con el viajante y su familia, y deberán decidir su destino.

El viajante‘ cuenta la historia de una familia y la casa juega un papel principal. Algo que ya se vio en ‘Nader y Simin una separación‘, que retrataba la vida de una mujer y un hombre y, donde un incidente podía destruir también toda su existencia. De nuevo, el hogar y la ciudad como espacios fundamentales. Y de nuevo, como es habitual en las películas de Farhadi, resulta imposible desligar el contexto cultural y político de su país. La dicotomía entre tradición y modernidad o los paralelismos que se establecen entre el derrumbe físico y el moral están ahí de manifiesto con una austera puesta en escena.

El viajante (The Salesman) dirigida por Asghar Farhadi

Escena de “El viajante” (The Salesman) dirigida por Asghar Farhadi. Fuente: Golem

En la película no se produce ese distanciamiento entre el personaje y el espectador. El grado de identificación gravita entre la víctima y el verdugo. Algo que resulta estimulante, si bien mantiene una distancia emocional, para afrontar el final con un dramatismo que retoma el conflicto entre dos familias que ya mostrara en ‘La bella ciudad‘. Por un lado la familia del verdugo y la otra, la de la víctima, que vuelve a tener en sus manos el destino.

Farhadi es capaz de retratar en un simple gesto de sus intérpretes, extraordinario Shahab Hosseini, la opresión que les rodea. Lo que aparenta ser una crónica de la cotidianidad doméstica de una familia se convierte en una reivindicación de la mujer, de la compasión y del perdón, pero sin complacencias. A través de un poderoso lenguaje visual y de unos magistrales diálogos se atisban la emoción y el dilema moral en todo momento, algo que obliga a la conciencia del espectador a reflexionar. Quizás, con un discurso narrativo tan coherente podría haber prescindido de referencias intertextuales tan manifiestas y no haber sometido a la película a escenas teatrales.

Premio a mejor actor y guión en la pasada edición del Festival de Cannes, ‘El viajante’ ha ganado contra todo pronóstico el Oscar de habla no inglesa dejando a la alemana ‘Toni Erdmann‘ a las puertas. Un premio agridulce ya que el propio Asghar Farhadi no ha podido recoger la estatuilla. Falta no le hace porque ya nos ha regalado una obra que contiene todo su intenso amor al cine.