Hoy nos ponemos nostálgicos, pero solo un poquito nada más, para recordar cinco películas de finales de la década de los 80 y principios de los 90. Todas tienen en común que son europeas y comparten un género que nos encanta: el drama.

Cineastas como el fallecido director polaco Kieslowski, los franceses Jean-Claude Brisseau y Jacques Fansten hasta el prolífico realizador italiano Marco Bellocchio para terminar con el georgiano Otra Iosseliani. Películas que tuvieron en su momento cierto reconocimiento en festivales como Venecia, Cannes  o Berlín y que bien merece la pena ver por primera vez o incluso llega a revisionar. Quizás el paso del tiempo han hecho mella en estos cinco dramas europeos. Compruébenlo y nos lo cuentan por aquí.

La doble vida de Verónica (Krzysztof Kieslowski, Polonia, 1991)

La doble vida de Veronica dirigida por Krzysztof Kieslowski

La doble vida de Verónica‘ es una coproducción franco-polaca dirigida por Krzysztof Kieslowski, uno de los grandes realizadores polacos fallecido en 1996, que consiguió el premio de la crítica internacional y el correspondiente a la mejor actriz, para Irène Jacob, y el premio Jurado Ecuménico en la edición del festival de Cannes de 1991. La película presenta una relación de paralelismo, llevada hasta sus últimos extremos, entre dos mujeres que viven en dos mundos diferentes, pero que son exactamente iguales, tanto físicamente como interiormente, insinuando una extraña conexión psíquica entre ambas, como si de hermanas gemelas se tratase.

Las protagonistas de esta misma historia son Veronique y Weronika, dos jóvenes de 20 años nacidas en el seno de dos diferentes familias y que viven en dos ciudades distintas como París y Varsovia. Las dos tienen las mismas cualidades y los mismos defectos. Su pasión es la música, ellas educan su voz y cantan. Padecen la misma enfermedad, un soplo cardiaco, y acaban de vivir su primera experiencia amorosa. La muerte de en plena de actuación de Weronika será como un revulsivo para Veronique, que conseguirá sobrevivir aprovechando, curiosamente, la fatal experiencia de su desconocida doble. Una maravillosa película que deleitará a los aficionados al cine que se acerquen por primera vez a verla.

Ruido y furia (Jean-Claude Brisseau, Francia, 1988)

Ruido y furia dirigida por Jean-Claude Brisseau

Otro de los dramas europeos que estamos repasando es la película de Brisseau, que narra la dramática historia de un niño de 14 años que, al encontrarse sin el cariño de su familia, vivirá unas experiencias negativas y violentas. Bruno (Vincent Gasperitsch), el protagonista de este relato, se ve obligado a trasladarse a Bagnolet cuando su abuelo fallece. Aquí vivirá en la casa de su madre, una mujer que debido a sus ocupaciones está siempre ausente. En el colegio hará amistad con Jean Roger (François Négret), un joven de su misma edad que es un verdadero problema para el pueblo, debido a su maldad y a sus instintos violentos.

Ni los profesores ni las autoridades pueden controlar el espíritu agresivo de Jean, cuyo padre adolece también de los mismos defectos. Cuando Bruno consigue centrarse gracias a los esfuerzos de una joven profesora, la cual trata de ayudarle dándole clases particulares, el director del centro decide cortar este trato especial que el muchacho estaba recibiendo. Esto irrita a Bruno, llevándole a un límite de desesperación que tendrá un patético final. Premio Especial de la Juventud en el festival de Cannes de 1988.

La condena (Marco Bellocchio, Italia, 1990)

La condena dirigida por Marco Bellocchio

Con película en cartelera (‘Felices sueños‘), el realizador italiano Marco Bellocchio dirigió este filme, cuya base argumental se basa en el placer y sus consecuencias. Todo comienza cuando Sandra Celestini (Claire Nebout) visita un museo. Ante la belleza del lugar queda ensimismada y pierde la noción del tiempo, cuando es avisada del cierre de las instalaciones la joven se da cuenta de que ha perdido sus llaves y retrocede a las salas que ha visitado. Al mismo tiempo el museo cierra sus puertas y Claire queda encerrada en el mismo. Para ella esto supone una nueva experiencia y sin miedo se dispone a pasar la noche. Pero de forma inesperada aparece ante ella Lorenzo (Vittorio Mezzogiorno), un arquitecto que en principio la asusta.

Entre ambos se produce una extraña atracción que va desde las miradas hasta el deseo carnal. Claire siente un placer desconocido para ella, se siente realizada. Cuando amanece y su inesperado amante le enseña las llaves, Claire se siente engañada y le denuncia por violación. Durante el juicio, Lorenzo niega la acusación y se remite a la prueba indemostrable del orgasmo experimentado por Claire. Lorenzo será encarcelado, pero recibirá la visita del fiscal, que desea saber cómo satisfacer a una mujer. La película ganó el Oso de Plata de la Berlinale en 1991.

La fractura de miocardio (Jacques Fansten, Francia, 1990)

La fractura de miocardio dirigida por Jacques Fansten

La película obtuvo el premio Italia a mejor película en 1990 y el premio del público en el festival de Cannes. ‘La fractura de miocardio‘ nos presenta una historia de complicidad, amistad y solidaridad entre niños. Todo comienza cuando el joven Martin (Sylvain Copans), un niño alegre y dicharachero, cambia su comportamiento convirtiéndose en un muchacho ausente y perdido.

Sus amigos, Jerome y Antoine, tratan de desvelar el misterioso cambio de Martin, le siguen y descubren que la madre de su amigo ha muerto de una “fractura de miocardio”. Martin no sabe qué hacer, pues si los adultos descubren la muerte de su madre le internarán en un orfanato. Todos sus compañeros serán sus cómplices y guardarán su secreto, inventando mil y una historia para engañar a los mayores. Una película que mezcla la comicidad con la amargura, cuyos absolutos protagonistas son los niños.

Et la lumière fut (Otar Iosseliani, Francia, 1989)

Et la lumière fut dirigida por Otar Iosseliani

En una pequeña aldea situada en plena selva africana, habitan unas gentes apacibles, de primitivas costumbres, que llevan una existencia tranquila y feliz, en contacto con la naturaleza. Sus grandes preocupaciones son la comida y el agua. La llegada de unos leñadores transforma por completo sus vidas. Por una parte los visitantes les traen muestras de civilización, cosas que hasta entonces eran desconocidas para ellos, pero por otra parte están transformando su hábitat milenario y su sistema de convivencia.

Los cientos de árboles que rodeaban la aldea comienzan a desaparecer, la frondosa vegetación es eliminada. Los leñadores siguen talando, y ya nada es como era antes. Hasta el bosque sagrado ha caído ante la implacable sierra. La pregunta resulta obvia, ¿qué será de estas gentes cuando los leñadores den por concluida su destructiva labor? La película ganó el Premio especial del Jurado en el Festival de Venecia de 1989.