Crítica: Cartas de la guerra


Cartas de la guerra dirigida por Ivo Ferreira

Cartas de la guerra’, el debut en la dirección del cineasta portugués Ivo Ferreira supone la adaptación de la novela epistolar de Antonio Lobo Antunes, en la que se narra la correspondencia entre un joven soldado destinado a Angola durante la Guerra Colonial (1971-1973) donde trabaja como médico, y su mujer. La película, filmada en un bellísimo blanco y negro y con una fotografía excelente, nos lleva a África y a sus áridos y desoladores paisajes. Hay algo muy portugués en la manera en la que el director narra la historia, y es que el intraducible -y muy luso- sentimiento de «saudade» (algo así como añoranza, melancolía, deseo de un tiempo pasado) empapa por completo la obra.

Así, la película transcurre melosa y reiterativa, teniendo como principal recurso narrativo la voz en off de la mujer narrando las cartas llenas de pasión -y, ciertamente, saudade- de su marido. Las bellas imágenes rescatan del naufragio -también del sopor- a un filme plomizo, preocupado por reflejar ese idealizado amor a distancia en cada fotograma y en cada línea de diálogo.

Las intenciones poéticas se ven perjudicadas por un continuo exceso de lirismo totalmente impostado, forzado en ocasiones hasta límites irrisorios. Encontramos una secuencia de unos cinco minutos de duración en la que la mujer, leyendo a su marido, suelta una interminable ristra de piropos («mi vía láctea, mi opio, mi cocaína, y un larguísimo etcétera), con vocación muy romántica, por supuesto, pero agotadora.

Miguel Nunes en Cartas de la guerra dirigida por Ivo Ferreira
Miguel Nunes en «Cartas de la guerra» dirigida por Ivo Ferreira. Fuente: Golem

Como ejercicio de dirección y puesta en escena, ‘Cartas de la guerra‘ es notable, y revela a un prometedor autor, pues no parece la obra de un debutante. Hay un gran dominio de lo visual. Sin embargo, la idea de adaptar línea por línea la novela, hacen que la película sea esencialmente literaria, y que se vea lastrada por ese molesto intento de hacer de cada palabra la más solemne de las verdades. Ferreira, a buen seguro imprime el espíritu de la novela de Antonio Lobo Antunes, pero carece de precisión cinematográfica. Todo se queda en un vistoso y petulante ejercicio de insistente obviedad.

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