Crítica: Wonder Woman


Wonder Woman dirigida por Patty Jenkins

A lo largo de los últimos 40 años, los personajes femeninos en filmes de superhéroes han ocupado un lugar secundario y siempre subordinados a personajes masculinos. ‘Supergirl’, ‘Catwoman’ y ‘Elektra’ son los únicos ejemplos del género de superhéroes en los que una mujer lidera la película. Desgraciadamente, las tres películas fueron un fracaso de crítica y taquilla, y han sido destrozadas por el público debido a su discutible calidad.

Han pasado 12 años desde el estreno de ‘Elektra’, la última cinta de superhéroes protagonizada por una mujer. Hasta ahora. ‘Wonder Woman’ tenía demasiada responsabilidad sobre sus hombros, y de forma injusta. No sólo se trata de la primera gran esperanza en el cine de superhéroes liderada por una mujer, sino la cuarta película de un universo cinematográfico que ha sido recibido con frialdad e incluso rechazo por un amplio sector de público y crítica. Muchos exigían que no sólo fuera una gran película que recondujera el DCEU (DC Extended Universe), sino un estandarte sobre el que apoyarse a la hora de valorar un género con una reducida representación femenina. Afortunadamente, considero que ‘Wonder Woman’ triunfa en ambos casos.

Origen de una heroína

La principal baza de la película es el hecho de desmarcarse del universo al que pertenece al tratarse de una historia de orígenes establecida en el pasado. La historia no necesita forzar referencias constantes a cintas y personajes de su universo, y esa libertad permite un importante margen de maniobra a Patty Jenkins y Allan Heinberg, directora y guionista de la película respectivamente.

Los filmes de orígenes suelen funcionar bien porque el arco del personaje abarca gran parte de su aprendizaje y su identidad, aspectos con los que el espectador empatiza con mayor facilidad. Y en este caso, vuelve a ser un acierto. Observamos a una joven Diana llena de vitalidad, ganas de aprender y una inocencia que nunca desaparece, ni siquiera en su madurez. Diana quiere ser una guerrera y disfrutamos con su entrenamiento y su forma de vida. Su ingenuidad es sincera y supone un contrapunto excelente respecto al cinismo de la gran mayoría de personajes que la rodean.

Su viaje no es sencillo, y los obstáculos son constantes, pero su sentido de la dignidad y la justicia la conducen hacia el campo de batalla con el único objetivo de ayudar a aquellos que no pueden defenderse. Este tramo inicial de película es fantástico porque nos introduce en su microuniverso personal, y aprendemos a través de sus ojos cuáles son los ideales de las amazonas, así como su origen y propósito (la secuencia de cierto relato sobre los dioses es visualmente preciosa).

Creo que Jenkins y Heinberg construyen un personaje con matices y características que informan al espectador de su identidad, fuerza y motivación. Esta sección del filme funciona como excelente carta de presentación, y conectan al espectador con Diana de forma inmediata, aspecto crucial para acompañarla en su viaje hacia la madurez y así abrazar su verdadera naturaleza. Además, asistimos a la primera escena de acción de la película, y a mí personalmente me ha encantado. Esta secuencia es una declaración de intenciones que marca el estilo que poseerá el filme a lo largo de su metraje. Cámara lenta, cámara en mano, ángulos y giros que aportan agilidad y poderío a la escena, y todo ello entremezclado con mucho gusto visual y una escala épica. Sin duda alguna, una de las mejores escenas de la película.

Roles intercambiados 

La película juega en muchos momentos a situar un personaje en un contexto desconocido y trabajar el choque de dos mundos para definirlos y establecer semejanzas y diferencias. En primer lugar, Steve Trevor (Chris Pine) aterriza en la isla de las amazonas, y tiene problemas para asimilar la información que le transmite Diana y las características especiales que posee dicho lugar. Diana le ayuda a comprender el escenario en el que se encuentra e intercambian una conversación que funciona por puro carisma y química entre ambos personajes. Pine y Gal Gadot hacen un trabajo espléndido a la hora de mostrar sus dudas, su curiosidad y los roles que desempeñan. No será el único intercambio intimista de la película, ya que precisamente estas escenas pausadas concentradas en los personajes y sus diálogos permiten ahondar en ellos y comprender su conexión y respeto mutuo.

Chris Pine y Gal Gadot en Wonder Woman
Chris Pine y Gal Gadot en «Wonder Woman» dirigida por Patty Jenkins. Fuente: Warner Bros

Por otra parte, la trama avanza y observamos la situación opuesta de ambos personajes. Ahora es Steve el que debe guiar a Diana en su comprensión de nuestro mundo, y esta sección del filme da pie a numerosos momentos divertidos y cálidos que sirven como contrapunto de escenas más dramáticas y tensas. Aunque la sección central tiene algún que otro bajón de ritmo, creo que resulta necesaria por su interés en perfilar personajes, dar pinceladas a su pasado y comprender dónde se encuentran. El grupo formado por Sameer, Charlie y The Chief reciben breves momentos de lucimiento y conocemos lo suficiente para temer por sus vidas. Habría sido un error muy común pasar de puntillas por estos personajes y sentir frialdad en situaciones de peligro. Afortunadamente tienen pequeños matices con los que jugar y el espectador lo agradece.

Al contrario que el resto de filmes del DCEU, ‘Wonder Woman’ sabe balancearse entre la luz y la oscuridad de su historia sin caer en desajustes de tono ni en excesos problemáticos. Diana es un personaje lleno de luz, bondad e ingenuidad, pero precisamente su inocencia es la que engrandece la película, porque plantea preguntas a un mundo cínico que ha olvidado sencillas respuestas. Su evolución va tomando forma con el paso de los minutos, y resulta realmente emocionante observar a Diana enfrentarse a todas y cada una de las injusticias que una sociedad estancada ha abrazado con normalidad y comodidad. Gal Gadot exhibe un rango interpretativo mucho mayor que en filmes anteriores y triunfa tanto en el aspecto más emocional e inocente del personaje como en el más físico y atrevido. Todas las dudas que pude tener sobre su trabajo en el pasado se esfumaron con esta película.

Patty Jenkins y Gregson-Williams 

Patty Jenkins ha necesitado 14 años para estrenar una nueva película tras la aclamada ‘Monster‘ en el año 2003. Hollywood tiene un enorme problema con la igualdad de oportunidades (algo que se puede extrapolar al resto del planeta). Directores como Colin Trevorrow, Gareth Edwards o Marc Webb han dirigido películas con presupuestos de más de 150 millones de dólares poco tiempo después de dirigir un filme independiente como única experiencia previa. Jenkins ha necesitado más de una década para conseguir lo mismo. Afortunadamente, su oportunidad ha llegado y el resultado final es sobresaliente.

Jenkins ha aportado personalidad propia al proyecto, y supone un soplo de aire fresco para el universo al que pertenece su película. Si bien el uso de la cámara lenta es una característica que ha formado parte de la filmografía de Zack Snyder, Jenkins ha sabido potenciarla de forma distinta, intercalando el frenetismo de la cámara en mano con planos más espectaculares en los que la cámara da un paso atrás y abarca más contenido en pantalla. Pero la cámara lenta es sólo uno de sus muchos ases en la manga.

La directora norteamericana tiene un gran sentido del espectáculo, y lo enfatiza constantemente con movimientos de cámara que cambian su ángulo para potenciar figuras, escenarios o detalles del entorno en el que se encuentra el personaje. Las secuencias de acción poseen una energía muy personal que generan una corriente de adrenalina en el espectador. También tiene mucho ojo para los detalles, y me gustan los cineastas que dan importancia a la reacción como conexión directa con la audiencia. En muchos momentos, un personaje tiene una reacción provocada por un factor externo, ya sea una conversación que escucha o un evento que observa. En muchos filmes, esas reacciones se perciben en planos medios que no generan el impacto necesario en el espectador. Sin embargo, en Wonder Woman estas reacciones son enfatizadas con cortes a primeros planos (sobre todo en el caso de Diana) y eso nos ayuda en todo momento a valorar sus decisiones y su forma de mostrar su descontento hacia las injusticias. Puede parecer un detalle sin importancia, pero yo lo considero vital y agradezco muchísimo su uso.

Por otro lado, en muchas ocasiones un compositor que complemente bien y enfatice las imágenes del cineasta supone un factor determinante para que la película alce el vuelo y funcione de manera adecuada. Gregson-Williams ha sabido incorporar a las imágenes de Jenkins justo lo que necesitan y aporta una emoción y epicidad sobrecogedora. El personaje de Diana requería temas que pudieran realzar sus virtudes y mostrar su heroísmo con determinación e intensidad, y Gregson-Williams clava cada sensación con perfecta sincronía. Además, ha utilizado el tema de ‘Wonder Woman’ en Batman v Superman y ha creado versiones alternativas que enriquecen la película y su propia composición. Creo que su trabajo empasta estupendamente con el estilo visual de Jenkins y el tono de la película y sin duda es uno de los detalles que me acompañaron tras abandonar el cine.

Los villanos de la cinta funcionan sólo a ratos aunque no me parecen una carencia a destacar, y creo que la batalla final está muy bien ejecutada y posee la emoción que requería. La lucha está a la altura del personaje.

En definitiva, Wonder Woman es una cinta de superhéroes fantástica, la mejor película del DCEU sin lugar a dudas y una demostración de la confianza (tardía, eso sí) que ha depositado Warner Bros en Patty Jenkins y Gal Gadot para reconducir su universo, y manda un mensaje que debe ser escuchado alto y claro: la igualdad de oportunidades no es una opción, es un deber y un acto de coherencia. Patty Jenkins ha demostrado que puede dirigir un blockbuster bastante mejor que muchos directores de Hollywood. Y no es la única.

 PD: Spin-off para el personaje de Robin Wright YA. 
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