El cine animado es una ventana alternativa para hablar de temas difíciles de un modo sencillo, alterno y en algunos casos abogando a lo surreal y simbólico. Diversas propuestas han capitalizado el mercado y lo han monopolizado, pero es evidente que existe una evolución en cómo se le otorga vida a cada personaje en el ámbito fílmico, hablemos entonces de los primeros orígenes de la animación en el cine.

Otorgando vida

Antes de hablar de un período histórico y de personalidades claves, es importante definir la animación como un conjunto de acciones en donde se le da vida a un elemento estático, esto es posible al imitar el movimiento mediante diferentes métodos.

Situar el primer cortometraje animado suele resultar una tarea ambiguo, por lo tanto lo que se puede mencionar son antecedentes y puntos claves en torno a la animación. El primero se contempla alrededor de la linterna mágica en 1640, un invento que proyectaba una serie de grabados en cristales para dar la sensación de movimiento. Lo novedoso de esta práctica fue presenciar a un hombre durmiendo, bostezando e incluso durmiendo.

Linterna mágica en la Basílica de St. Peter's (1897)

Linterna mágica en la Basílica de St. Peter’s (1897). Fuente: Catálogo de la compañía T. H. McAllister

A mediados del siglo XIX, el francés Émile Reynaud sorprendió al mundo con un juguete óptico que planteó la primera técnica cinematográfica animada. La máquina permitía que el espectador mirara por encima del tambor y a medida que fuera girando la rueda interior se reflejarían imágenes en varios espejos y posteriormente en tiras de papel.

Alterando la realidad

A partir de 1900 empezaron a surgir las primeras manifestaciones del cine animado, experimentos que apostaban por alterar la realidad y por copiarla con otros matices. Estos son algunos de los padres de aquella animación:

Stuart Blackston

Cineasta británico, reconocido por haber realizado The Enchated Drawing en 1900 junto a Albert Smith. En el corto presentaban el rostro de un hombre junto a una botella y cigarros. Blackston no empleaba negativos ni impresos, sino que más bien decidía trabajar en un lienzo en blanco bajo un carácter espontáneo. Este cineasta establecería los primeros pasos de la animación stop-motion. También llevó a cabo Humorous Phases of Funny Faces, una propuesta que se enfocaba en presentar sketches en donde dibujaba a gran velocidad.

Humorous Phases of Funny Faces

“Humorous Phases of Funny Faces” por Stuart Blackton

Émile Cohl 

Caricaturista francés que es considerado uno de los pioneros de este nicho. Sus trabajos más significativos lo vinculan a Las Pantomimas Luminas, proyectadas mediante un sistema específico. Solía escribir los ángulos de las películas al rodarlas. Era un autor muy experimental que trabajaba con fotografías constantemente y las replicaba. Tiene entre su portafolio Fantasmagorie y  Carches du Fontaine.

Émile Reynaud

En 1892, Las Pantomimas Luminosas de Émile Reynaud, los primeros dibujos animados en la historia del cine, son presentados en el Museo Grévin a tráves del Teatro óptico, sistema de proyección sobre pantalla grande de dibujos trazados y coloreados directamente sobre una película de cine de 70 mm constituida por una serie de cuadros de gelatina protegidos de la humedad por un recubrimiento de goma-laca (procedimiento abandonado después, porque no permitía la impresión de copias, tomando en cuenta que las películas eran en blanco y negro en esa época).

Segundo de Chomón

Cineasta español que aportó considerables elementos del cine mudo. La mayor vinculación de Segundo de Chomón con el cine animado lo sitúa en 1902 en Barcelona cuando abre un taller que comercializa el coloreado de cintas. Era un cineasta experimental y que destacó por incorporar técnicas alrededor de la exposición y otro tipo de elementos para ampliar las imágenes tal como sucedió con Pulgarcito en 1903.

Winsor McCay

Años después aparecería el trabajo de Winsor McCay, reconocido principalmente por Gertie The Dinosaur, una propuesta donde combinaba personajes y lugares realas con elementos de ficción. El trabajo de McCay se enfocaba en dibujar cada fotograma, lo cual prolongaba las producciones. Earl Hurd aceleró este proceso al proponer un sistema de acetatos que facilitaría los fondos, tal como habrán visto alguna vez en animaciones clásicas.

Max Fleischer

Max Fleischer sería el cineasta que continuaría con la evolución del cine animado, dado que presentaría un aparato revolucionario para la época (1917), el rotoscopio permitía proyectar una película sobre una superficie en la cual se dibujaban los personajes imaginarios. No sería hasta 1924 cuando presentaría Oh Mabel, la primera película animada con sonido.

La animación continúo avanzando para diferenciarse de copiar la realidad y fue considerada una ventana comunicacional que no fue dedicada sólo a un público infantil. En sus inicios (y hoy en día también), requería una gran inversión de por medio, debido a todos los recursos para generar movimiento y el trabajo detrás.

Pronto la segunda parte.