Crítica: Baby Driver


Baby Driver dirigida por Edgar Wright

Tras el paso por el cada vez más famoso festival de Texas SXSW, la última creación del cineasta británico Edgar Wright, de título ‘Baby Driver‘, nos sitúa en Estados Unidos, donde un joven conductor trabaja para un mafioso realizando fugas de atracos. A falta de un último trabajo para saldar su deuda y dejar la vida criminal, comienza una historia de amor con una camarera. La particularidad de Baby, que así se llama el protagonista, es que desde que sufrió un accidente de coche cuando era pequeño, tiene problemas auditivos, y es solo mediante la música cuando consigue subsanar un constante pitido.

Wright utiliza como principal recurso para su película las canciones, y monta las secuencias mediante cortes rápidos en base a ellas. Esto consigue crear un tono frenético, en el que al espectador no se le da respiro, ni siquiera al principio, que comienza con una impresionante y muy elaborada escena de persecución. Sin embargo, es en ese alocado ritmo donde se encuentra aquello que lastra ligeramente el conjunto en torno al final.

Baby Driver dirigida por Edgar Wright
Escena de «Baby Driver» dirigida por Edgar Wright. Fuente: Sony Pictures

No se le puede negar a ‘Baby Driver‘ tener estilo personal, y probablemente sea una de las películas más entretenidas y dinámicas que se podrán ver en la cartelera este verano. La primera hora, funciona como un tiro, es divertida y explosiva, y pese a los clichés -que los hay- tiene la suficiente fuerza y encanto como para que no lleguen a considerarse un problema. El bajón viene más tarde, con una segunda mitad algo más errática, en la que Edgar Wright se empeña en dilatar las -espectaculares, eso sí- escenas de acción, hasta caer en cierta monotonía, gastando la frescura inicial. La fórmula se va agotando.

En cambio, el británico es lo suficientemente inteligente como para lograr que su obra no caiga en un exceso recargado y molesto, incluso siendo siempre absolutamente excesiva. Detrás de las cámaras demuestra que tiene talento, pues ejecuta una compleja planificación repleta de secuencias de acción en las que nunca nos perdemos. A nivel de guion, le hubiera beneficiado menos artificio y mayor síntesis, sobre todo por ser una película cuyo eje principal se basa en estímulos y no en una historia que resulte original.

Baby Driver‘ tendrá muchos adeptos, y no es de extrañar, pues tiene virtudes de sobra para enamorar a los aficionados a los blockbusters y al público que simplemente busque un entretenimiento (de calidad) para pasar el rato. Es una película con energía y estilo.

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