La animación japonesa se ha caracterizado por transportar al público a tierras inhóspitas, a recrear entornos rodeados por la magia, humanizar bestias y ante todo: rendir tributo ante un legado histórico. Mamoru Hosoda no queda por fuera de lo estándares del cine animado japonés, sino que más bien recrea su propia fórmula y añade un estilo personal a la animación nipona, aspecto que le ha conferido ciertos premios y la presunción a ser el heredero de Hayao Miyazaki.

Proyectos menores tras ensayo y error

Mamoru Hosoda nació el 19 de septiembre de 1967 en Nakaniikawa, prefectura de Toyama, ubicada al norte de Kamiichi y considerada como los “Alpes del Norte” de Japón. Huérfano de padre, el respeto por los templos y lo sagrado siempre tuvo gran peso para el joven Hosoda.

Estudió en la Universidad de Artes de Kanazawa donde realizó un gran número de cortos y posteriormente un largometraje. Al graduarse estaba decidido por trabajar entre las filas del Estudio Ghibli, en su prueba de aplicación les exigieron a todos los participantes presentar dos pinturas, él a diferencia de los demás presentó un número distinto: 150.

Rechazado por el estudio mediante una carta, Miyazaki lo felicitó por escrito y le aseguró que era muy pronto para que entrara a Ghibli, lo alentó a seguir trabajando y mejorando su estilo.

Posterior a un concurso, Hosoda entra a trabajar en Toei Animation, ayudando en un par de capítulos de Dragon Ball Z y con la realización de la película Estalla el Duelo, estuvo involucrado en la Sailor Moon Super S The Movie y el capítulo 21 de Digimon Adventure.

Su experticia tras el capítulo 21 de Digimon le permitiría sentarse como director en 2 Ovas de Digimon adventure, uno de ellos comercializado como Digimon:The Movie en el resto del mundo. La animación era diferente a la de serie y servía de prólogo a los hechos de la serie.

Tiempo después dirigiría un par de episodios del shojo Ojamajo Doremi Dokkan (4T-40), trabajo que le conferiría una oportunidad para producir un corto publicitario para Vuitton de nombre Superflat Monogram en el año 2003.

La aventura como motor principal

Con algo de reconocimiento tras los trabajos en Toei Animation, Mamoru Hosoda tuvo la oportunidad de recibir un proyecto de Ghibli, debía adaptar la novela de Dianna Wynne Jones: El Castillo Ambulante. Tardó alrededor de ocho meses para darse cuenta que seguía en un punto muerto y que nada más tenía bosquejos. Ghibli le retiró el proyecto, para aquel entonces el estudio quería un éxito similar al de El Viaje de Chihiro.

Hosoda siguió trabajando en producciones menores, colaboró en el diseño de personajes de Ashita No Nadja y en la materialización del opening de Samurai Champloo. Aún así, Mamoru Hosoda no estaba satisfecho y aprovechando que había trabajado con producciones grandes y sabía cómo abordar un proyecto con historia previa dirigió la sexta película de One Piece: El Barón Omatsuri y la Isla Secreta.

La chica que saltaba a través del tiempo dirigida por Mamoru Hosoda

Escena de “La chica que saltaba a través del tiempo” dirigida por Mamoru Hosoda

Esta última producción le abriría las puertas en el estudio Madhouse, reconocido por ser la casa de Death Note, Trigun y ser la responsable de algunas películas de Satoshi Kon. Su primer proyecto allí fue La Chica que saltaba a través del tiempo una adaptación de la novela de Yasutaka Tsutsui. El guión correría por cuenta de Satoko Okudera; el filme no tuvo gran éxito en su principio, pero con el paso del tiempo ganaría más reconocimiento hasta incluso ganar un Tokyo Anime Awards.

Más seguro de sí mismo en el mercado, Hosoda volvió a juntarse con Okudera en el 2009 para realizar una propuesta mucho más compleja: Summer Wars. Una historia que combinara en paralelo el respeto por lo mitológico, lo familiar y el ámbito digital. Con la inclusión de avatares y virus, Hosoda rememoró parte de su trabajo en Digimon y estableció ciertos guiños. El ámbito familiar para el director fue sumamente clave en esta cinta porque justo se acababa de casar, aspecto que reflejó en la familia Sarada de más de 80 miembros.

Tiempo después volvería de nuevo a la dirección con Wolf Children, una película melancólica dedicada a la pérdida de su madre (tras ocho años de lucha). Un detalle importante en esta cinta es que en Japón no existen lobos, tras la extinción del okami, un ser que era la conexión con los kamis (mensajeros que recogían los recados de Dios). Por lo tanto, en la cinta hay un respeto por la figura protectora del lobo, por el carácter protector de una madre al criar niños en medio de una guerra, una suerte de referencia asociada a los bombardeos en Japón en 1945.

En 2016, el director concretaría otra apuesta híbrida entre realidades paralelas, distante del ámbito digital pero conectada con un imaginario específico. The boy and the beast, hablaba de un chico que había perdido a su madre (Ren), y una bestia (Kumatetsu), que debían aprender convivir para aprender una lección. Hosoda no apuesta por las lecciones fáciles y cuela incluso gags alrededor de Moby Dick entre algunas escenas de la película. Contó con música de Takagi Masakatsu quien había participado en varios de sus proyectos previamente.

Actualmente trabaja en una nueva cinta que estrenará en 2018, que lleva el título de Mirai.

The boy and the beast dirigida por Mamoru Hosoda

Escena de “The boy and the beast” dirigida por Mamoru Hosoda

Humanidad y contraste

Las películas de Mamoru Hosoda tienen elementos característicos, el factor digital es sumamente importante y aporta una visión disonante del mundo, donde el anonimato y el peligro se representan entre píxeles pero donde lo humano supera cualquier rasgo de exageración ante la globalización.

Para él, sus protagonistas son personajes vulnerables que expresan lo que piensan pero que son sometidos a situaciones críticas, tienen pruebas delante de su trayecto de vida pero también cuentan con compañeros en sus viajes.

En The boy and the beast hace un homenaje a varias deidades del imaginario japonés mientras que involucra una filosofía a modo marcial, todo al hablar de una realidad paralela.

Hosoda es actualmente uno de los mejores directores del cine japonés, con personalidad entre las escenas, influencias que fueron transferidas de la pintura al movimiento y donde la acción y lo sobrenatural cobran fuerza de forma constante.

Nos vemos en la próxima.