Forrest Gump‘ es una de las películas más conocidas de los noventa, un filme icónico en la cultura popular, mil veces parodiado y homenajeado. El simpático personaje de Forrest se ganó el cariño de millones de personas, y le valió a su intérprete Tom Hanks un reconocimiento (si bien ya había conseguido demostrar su calidad en ‘Philadelphia’) que a día de hoy le mantiene como uno de los actores más queridos de Hollywood. La dulce música de Alan Silvestri, al ritmo de una pluma que se balancea suavemente con el viento, sigue sonando en la cabeza de mucha gente, y ya forma parte del hall de la fama de las bandas sonoras.

Pero no todo el mundo piensa así: el trabajo de Robert Zemeckis (‘¿Quién engañó a Roger Rabbit?’, ‘El Vuelo‘, saga ‘Volver al Futuro’ o la reciente ‘The Walk‘) fue tachado por parte de la crítica como sensiblera, complaciente con las ideas estadounidenses, y otros calificativos poco halagadores. Owen Gleiberman, de Entertainment Weekly, la mencionó como “una versión baby-boomer de la América de Disney”, y Jonathan Rosenbaum, del Chicago Reader, aseguró que su mensaje de que la estupidez es redención “es lo que muchos americanos quieren oír”.

Así pues, nos haremos eco de sus críticas, e intentaremos analizarlas para ver si realmente ‘Forrest Gump’ es una película prescindible o, por el contrario, mantener su estatus de joya cinematográfica.

Se da por hecho que quien siga leyendo se ha visto el filme. Quien avisa no es traidor.

Una sátira, ¿fallida?

Robert y Forrest durante el rodaje.

Forrest, independientemente de su coeficiente intelectual, representa la inocencia y la bondad en un mundo, en ocasiones, demasiado cínico. No hay más intención en este personaje que la de hacer el bien, de ayudar a las personas que ama. Y bajo esa mirada, es testigo de excepción de los acontecimientos más importantes en la historia de los Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial, desde la aparición de Elvis y el Rock hasta Vietnam y el escándalo Watergate, gracias a unos efectos digitales mayúsculos (recordemos que Zemeckis dirigió ‘¿Quién engañó a Roger Rabbit?’) y a las imágenes de archivo. Le da la mano a presidentes, se juega la vida para salvar a su teniente en la jungla, llega a un breve estrellato como jugador de tenis de mesa, y finalmente se dedica a la pesca de gambas como había planeado con su amigo Bubba.

El personaje de Tom Hanks es un bufón, un clown, pero omitiendo todo sentido peyorativo a ambos términos; son figuras que provocan simpatía, con carta blanca para poder reírse en la cara de la sociedad. Mediante su torpeza y buena suerte, la película nos lleva por momentos muy oscuros de la nación norteamericana, en ocasiones lanzando dardos hacia el ejército o la política. Su sentimiento antibelicista es especialmente fuerte, dejándonos escenas como la muerte de Bubba (“Quiero ir a casa”), o la evolución como personaje del teniente Dan, de orgulloso militar a inválido de guerra, finalmente redimido y con sus heridas emocionales y físicas curadas.

Pero ‘Forrest Gump’ es una sátira fallida, y se podría sospechar de su condición de blockbuster familiar para explicarlo. El impacto emocional que causa todo lo relacionado con la guerra de Vietnam no se ve replicado con la misma intensidad respecto a otros conflictos y problemas de la sociedad estadounidense.

Sí, tenemos referencias a la contracultura, al movimiento hippie y a la epidemia de las drogas en el personaje de Jenny, e incluso una breve referencia a los Panteras Negras y a los piquetes contra los estudiantes negros en Alabama; pero no se puede evitar pensar que esa historia contemporánea de los EE.UU. está, hasta cierto punto, blanqueada. ¿Dónde está el racismo, las desigualdades económicas, la segunda ola del feminismo, la lucha de las minorías étnicas y sexuales? Y en las ocasiones que figuran, ¿por qué no se profundizan en ellas, si la predisposición a la crítica satírica está ahí?.

Peras al olmo: sobre lo emotivo de Forrest Gump

Quizá la queja menos justificable respecto a la película sea achacarle que apele a lo emotivo. Y es que la historia se presta desde el principio a conducir nuestras emociones por una montaña rusa, de las carcajadas a las lágrimas. Antes mencionábamos que Forrest era un personaje simpático, pero se sabe ganar nuestro cariño, no necesita mendigarlo. No hay nada en la película que nos fuerce a sentir una u otra emoción, sino que trabaja con los sentimientos de manera genuina. Las situaciones por las que pasa nuestro protagonista, pese a lo inverosímiles y ridículas que parecen a veces, nos conectan a él un poco más, identificándonos con sus problemas, articulando los momentos más emotivos sobre una base sólida.

Y con el resto de personajes pasa lo mismo; aprendemos a amar a la madre de Forrest, a sentir compasión por el teniente Dan, a empatizar con la dura vida de Jenny. Huelga decir que el trabajo actoral debe de ser impresionante para poder llevar a cabo todo esto de manera exitosa, destacando, obviamente, a un Tom Hanks que hace suyo al personaje de tal manera, que ya no podríamos separarlos uno del otro. Robin Wright, Mikelty Williamson, Gary Sinise, Sally Field y un primerizo Haley Joel Osment como el pequeño Forrest Jr. completan este elenco de secundarios imprescindibles.

Tom Hanks y Mykelti Williamson en Forrest Gump

Escena de la muerte de Bubba (Mikelty Williamson) en «Forrest Gump».

Siendo justos, el sentimiento general que da la película recuerda más a la América apacible de los cuadros de Norman Rockwell, un retrato optimista del futuro del país pre 11-S. Le da miedo toser demasiado fuerte, con su identidad danzando entre complacer al mayor número de personas posible, o aprovechar mejor sus recursos. Pero a la hora de la verdad es una historia simpática, agradable, y una cura para el mal humor.

Por supuesto, había películas muy interesantes ese año de 1994, algunas superiores en técnica y pretensiones (como ‘Pulp Fiction‘), u otras que no consiguieron el reconocimiento inmediato por el huracán Forrest Gump (como ‘Cadena Perpetua’), e incluso rarezas inclasificables (‘Asesinos Natos’). Pero el hecho de que hayan pasado más de veinte años desde su estreno, y de que el filme de Zemeckis siga teniendo hueco en la actualidad cinéfila de tantas personas (el tiempo es la mejor cura para poner a las películas mediocres en su sitio) nos demuestra que, más allá de sus problemas, es una obra notable.